jueves, 24 de enero de 2008

Rosa Pastel

Fernando se aferró al lavamanos como náufrago a salvavidas. El calor era insoportable y el vodka había sido su acompañante durante toda la noche. El baño era pequeño y entre el calor, el mareo, las luces y los olores habituales de un baño público -y bastante concurrido cabe destacar-, no se sentía muy bien.

- ¿Qué te pasa weona?. Le preguntaba el Nico, su amigo de la infancia, que llegaba siguiendo al que consideraba "el maricón más rico del universo", como decía cada vez que lo veía y a quien le había perdido el rastro a medio camino entre la pista y el baño.

- Nada, ' toy medio copeteao' no más.
- Ya po maricona, vamos a bailar...
- Ya, voy altiro.

Fernando se quedó solo, si es que "solo" es un término apropiado para cuando se escuchan gemidos desde una de las casetas del baño. No sabía qué le pasaba, aparte de todos los síntomas ya descritos algo sentía, no sabía qué, pero algo estaba pasando. Los gemidos continuaban, cada vez más fuertes y a cada gemido se sentía más solo, "típico maricón celoso", pensaba mientras se lavaba la cara.

Cuando Fernando volvió a la pista de baile, el Nico se besaba apasionadamente con su amigo/andante/pololo (a estas alturas del partido puede ser todas, como puede ser ninguna, pero esa es una historia que otras páginas relatarán), Andrés. A Fernando le cargaba tocar el violín, pero dadas las circunstancias no le quedaba más, tampoco lo estaba pasando mal, sobre todo considerando cuánto quería a Nicolás y todas las cosas -¡y qué cosas!- que habían pasado juntos, además Andrés también se había convertido en un buen amigo.

- Oye, Feña, ¿cachaste quien culeaba en el baño?
- Zapatillas azules y el otro zapatillas rojas -como era costumbre en aquellos baños, y cuando se encontraba alguna pareja haciendo más de lo que el sentido común permitiría a un mortal promedio, se miraban los zapatos de los involucrados para, una vez terminado el acto en cuestión, saber quien había hecho qué con quien.

- Ahh, menos mal que no era el mijito rico.

Era con comentarios como ese que Andrés trataba de forzar una sonrisa, pero el arte de disimular los malos ratos no era uno de sus fuertes.

La música seguía, Kylie, Madonna, Placebo y un ocasional "Depechazo" animaba hasta al más tímido de los bailarines. Los vodka naranja y ron cola no dejaban de llegar y vaso tras vaso, junto con un leve olor a marihuana en el ambiente, hacían que la pasión, el mareo y el calor de la convulsa y sudorosa muchedumbre aumentara.

- Maricona, consígueme un pito -fue la consigna que Nicolás dió a Fernando.
- ¿Y con quién?.
- No sé po, más de alguien tiene que tener, ¿no sentís el olor?.
- Anda tú, yo no quiero andar paseándome pa buscar esa hueá.
- Puta. Andrecito, ¿podrías ir tú? -"Andrecito", así le decía Nicolás cuando quería conseguir algo.
- Bueno.

Andrés era incapaz de decirle que no a Nicolás, lo amaba hace tanto tiempo que ni siquiera recordaba desde cuando.

- Oye... -aventuró Fernando cuando Andrés había desaparecido en el movimiento casi hipnótico de la pista.
- ¿Qué?.
- ¿Qué onda con el Andrés?.
- ¿Qué onda con qué?.
- Tú sabís po.
- Nah po, lo de siempre.
- Pero, ¿siguen en la misma?
- Si po, si no tengo ganas de amarrarme a un weon.
- Pero hace tanto tiempo que están en la misma.
- Sí, pero tú sabís como soy yo po weona, él también sabe, así que cero ataos'.
- ¿Él sabe? -pregunta Fernando.
- Si po, si hace rato que le dejé el cuento claro, si le gusta bien, si no bien también.
- ¿Pero tú te dai cuenta de que el weon está sufriendo o no?
- Ay maricona, si esta hueá no es novela rosa ni teleserie de país bananero, la hueá es como es no más.
- Pero no podís...

La conversación se ve interrumpida por el codazo de un "maricón con complejo de Rodrigo Díaz" -maricón también, sea dicho de paso-, como les decía Nicolás, codazo, decía, que causó la pérdida parcial del vodka naranja que Fernando tomaba, el cual cayó en su ropa.

- Puta la hueá, voy a tener que ir al baño.
- Viste!, eso te pasa por preguntar hueás.

En su camino al baño, y tratando de esquivar a otros bailarines tan o más entusiastas que aquel que provocó la pérdida del preciado brebaje, se encontró con Andrés sentado en la escalera.

- ¿Qué onda Andrés?.
- Nada, acá, medio cansado.
- Sí, hace más calor que la cresta.
- No, estoy cansado de Nicolás.
- Si te entiendo, pero él es así, tú sabes, siempre ha sido como un tiro al aire, pero él te quiere, si no fuera así no estaría contigo.
- Él nunca ha estado conmigo... -justo en ese momento una luz azul iluminó a Andrés, tenía los ojos llenos de lágrimas. De fondo Belanova decía "...y al final los dos nos detruímos, y al final tú y yo ya no existimos... te olvidaré, me olvidarás, hasta nunca". Curioso como la vida tiene su propio soundtrack.

Fernando no supo qué decir, sabía que era verdad, pero no podía decírselo, así que prefirió cambiar el tema y pasar de largo al baño.

Mientras tanto Nicolás bailaba, no tenía idea cuánto rato había pasado, pero sabía que su vaso se había secado, que tenía sed y que quien podría conseguir otro vodka era Fernando. Lo lógico, para no seguir esperando, como lo había estado haciendo desde hacía ya media hora, era ir a buscar a su amigo, así que, dada la falta de alternativas, lo hizo. No lo encontró en el baño. Lo único que encontró fueron unos gemidos que, para variar, venían de una de las casetas. Siguiendo la costumbre, miró las zapatillas de los involucrados, algo le pareció extraño, pero nada fuera de lo común, en una disco donde todos se conocen -cabe destacar que "conocen" es un eufemismo-, encontrar un par de zapatillas conocidas en una circunstancia como esta no era nada extraño. Cuando iba saliendo del baño escuchó algo que lo detuvo.

- Siempre había querido hacer esto -dijo una voz que le resultó demasiado familiar. Al cabo de un rato, rato en el cual Nicolás no había despegado los ojos de la puerta que ocultaba a estos amantes, salieron de la caseta Fernando y Andrés, con la culpa tatuada en la frente, pero no la suficiente como para que Nicolás pensará que fue todo casual. De fondo "Taste in Men", Molko cantaba "Come back to me awhile change your style again, come back to me awhile change your taste in men..." y fue en ese preciso instante que Fernando lo vió, llorando y moviéndo la cabeza como tratando de esa forma de hacer desaparecer la imagen que en ese momento lo consumía. Nicolás salió corriendo del baño, las luces ya habían vuelto y la música de a poco se apagaba.

- ¡Nicolás!, NICOLÁS!!

Cuando Fernando lo alcanzó Nicolás se dió vuelta y lo empujó con toda la fuerza que pudo, no era mucha, las lágrimas no lo dejaban ver, no lo dejaban pensar. Lloró y gritó cuanto pudo, no le importaba tanto lo que había sucedido con Andrés, se daba cuenta que nunca lo había amado y nunca lo podría amar, su mayor dolor era el haber perdido a su mejor amigo, a su hermano... finalmente se daba cuenta que era a él a quien amaba. Nada se decía, nada se podía decir, sólo quedaba dolor donde antes hubo amistad y amor.

Fernando no supo qué hacer, sólo se fue. Esa noche fue la última vez que vió a Andrés.

20 años tuvieron que pasar para que viera de nuevo a Nicolás, se encontraron en la calle y se miraron brevemente. Ninguno supo si el otro lo había reconocido, pasaron el uno al lado del otro como dos desconocidos, y en cierta medida lo eran, pero en cuanto se vieron recordaron lo que habían sido. Aquella noche cada uno lloró hasta que el cansancio, la nostalgia y las lágrimas los hicieron dormir.

3 comentarios:

ignacioredard dijo...

Ugly Betty la LLEVA! Pero me da menos plancha admitir que la veo, que con ANTM XD

Wenche dijo...

oye...escribí un comentario bajo "yo soy una dama"...este tendría que leerlo más adelante..pero como para cumplir las promesas....ignacio redard si lees esto: buena música!!!
yapo...nos leemos más abajito jejeje

Seba dijo...

Jajajaja, Wenche, por si no te habías fijado tengo el blog del Igna como link... visitelo y gócelo. XD