viernes, 11 de enero de 2008

One Way Street

Las amistades... que complejas y fascinantes son. Tener una gama de amigos diversa, que va desde el compañero de universidad hasta el cuarentón solitario, es tan enriquecedor como complejo. He tenido amigos de todo tipo, de los buenos y de los malos, mayores y menores, de los que te confían todo y de los que luego de una caída (o simplemente por ser de una forma clasificable como "inadecuada") andan hablando a tus espaldas. Lo importante, al fin y al cabo, es que las amistades sean vías en dos direcciones, un "yo te doy, tú me das", confiar y poder confiar, para mi eso es esencial. Que lamentable es darse cuenta que ciertas personas que te rodean (afortunadamente las menos), te consideran su amigo porque eres simplemente "su hombro donde llorar", cosa que mal no está, para eso están los amigos, pero cuando ese rol se convierte en el único que ese "amigo" te adjudica, la cosa se pone fea. Es cierto que lo que estudio (Psicología para el que no sepa) da para que quienes me rodean sientan que escuchar los conflictos ajenos es parte fundamental de mi forma de ser, cosa que en cierta medida lo es. Por alguna extraña razón las personas, hasta las más desconocidas, confían en mi de una manera que a ratos es incomprensible y yo los escucho y aconsejo en la medida de lo posible. Lo triste es cuando te das cuenta que la relación que considerabas de amistad se vuelve trabajo. Cuando un amigo se transforma en paciente no hay cómo salir de ese "nuevo" tipo de relación, la jerarquía se establece, los roles se definen y la amistad se va a la mierda, dejas de ser el amigo y pasas a ser el espacio de descarga, donde las conversaciones sólo giran alrededor de la problemática del otro y tú escuchas. No tengo ningún problema con ese tipo de relación, será mi pega por el resto de la vida, me gusta, pero quien quiera psicoterapia que me pague. Un consejo lo doy con gusto, el que es amigo lo da por ayudar, pero cuando los demás temas de conversación desaparecen y solo queda la relación terapeuta - paciente y tú como "psicoterapeuta al peo" quedas en el rol de oyente y sin espacio para tu parte del "dar y recibir", la amistad se desvanece. El gran problema, una vez identificado el conflicto y la inexistente amistad, es cómo ir rompiendo lazos sin que el otro sienta que es una traición. En eso estoy ahora, una amiga se convirtió (sin que yo quisiera) en paciente y estoy en pleno proceso de desligarme del asunto. Suena frío, tal vez lo es, pero parte esencial de la salud mental del "profesional de la salud mental" es saber separar las cosas, la pega es la pega y la vida personal es la vida personal, si no fuera así todo sería caótico.

Las amistades son vías en dos sentidos, cuando el camino se vuelve angosto la amistad se pierde y los involucrados pueden salir dañados y, para evitar un final estilo telenovela venezolana, más vale hacer las separaciones pertinentes en el momeneto adecuado.... no quiero andar gritando a los cuatro vientos "he quedao ciego, me han robao mi hijo".

1 comentario:

Marita dijo...

Dificil lo de paciente-amistad...pero como encontrar el momento para detener ese proceso??...quizas cuando te das cuenta, ya es tarde, o te cuesta decirle a esa persona que pare. En fin, gajes del oficio, espero no llegar a eso contigo, porque si me doy cuenta que es así, me daria mucha lata. Un besiño Brasileño!