martes, 11 de marzo de 2008

El Amor como Falta

Las relaciones sentimentales siempre son motivo de meditación e introspección. Sucede a veces que nos encontramos con ciertas personas que pensamos olvidadas, personas que significaron bastante, aunque no siempre podemos estar seguros que esa sensación es mutua. Habitualmente ese reencuentro nos desencaja, se nos suben los colores y tratamos de pasar desapercibidos a pesar de que nos gustaría lanzarnos sobre aquella persona y expresarle todo lo que hemos sentido y seguimos sintiendo. También puede ser que nos topemos con personas que simplemente habíamos olvidado, es como vivir el otro lado de la moneda, para mi por lo menos, puesto que siempre termino sufriendo... es que entrego demasiado y parece que siempre creo en el cuento del príncipe azul y obviamente termino siempre decepcionado. También ocurre que algunas relaciones no terminan nunca, como círculos que no cierran y ciclos que no terminan.

Sucede que mi primera relación ha sido siempre una constante, escritos he hecho sobre aquello, y actualmente dicha relación (algo como una pseudoamistad, medio erótica y a ratos con intentos de seducción) está en pie de guerra. Hace varios días que estamos en el proceso previo al reencuentro, a vernos las caras nuevamente y a quien sabe qué cosas más. El resultado siempre es el mismo, nos juntamos, al principio es pura amistad y buenas conversaciones, después pasamos a lo tierno y luego al plano sexual, todo esto en un día. El cuento siempre va igual, nos vemos un par de días o semanas y luego desaparecemos... es casi como si perdiéramos el interés o nos diéramos cuenta, una vez más, que juntos no funcionamos. No tengo idea qué sustento tiene esa sensación (sensación con rasgos de certeza), pero termino siempre con la idea de que más vale dejarlo hasta ahí y dejar de vernos. Supongo que aquello es mutuo, puesto que casi en coordinación absoluta dejamos de llamarnos, funcionamos como reloj suizo. A ratos me pregunto si esto no será una paradoja, porque tanta coordinación y entendimiento sin palabras debería dar pie a una relación espectacular. Me refiero a que pocas parejas tienes ese tipo de sincronización, como una suerte de comunicación especial, casi extrasensorial con toques fantasmales y medio paranormales (léase con humor).

¿Es posible que esté inserto en una gran paradoja?, ¿cuando encuentro a aquel con quien me entiendo, no lo acepto?. Considérese que este cuento tiene 10 años, por lo tanto difícilmente puede ser clasificado de casualidad o pura coincidencia. Quizás sea porque nos parecemos mucho y no nos soportamos a nosotros mismos que "juntos no podemos". Las relaciones de espejo nunca funcionan bien, es que nadie puede ser tan narciso como para amarse a sí mismo. A la larga el amor no existe, amamos lo que creemos que nos falta, aquello que encontramos en ese "otro" y que nos gustaría tener, esa característica que siempre hemos extrañado en nosotros mismos... es por eso que el amor tiene mucho de admiración y el encanto que produce saberse con un otro a quien admiramos (y por lo tanto creemos que es digno de admiración para todos) nos hace "amar" y entregarnos sin medidas. Es que amamos lo que hace falta, así mantenemos el deseo abierto, no podemos cumplir con nuestro objetivo, no podemos encontrar el objeto que falta para poder sentirnos completos... el deseo siempre debe estar abierto, así siempre existirá la posibilidad de amar.

No puedo pensar en otra cosa: en la entrega está el error. Es que no podemos entregarnos a una falta. Cuando nos lanzamos a un Yo Ideal, aquello que está fuera y que nos promete la completud, la felicidad y la sensación de tenerlo todo, es cuando la cagamos. Es que tener y ser todo, pasan a ser sinónimos y no podemos negar que esa sensación a la que se le denomina "amar" es sentir que lo tenemos todo y que no necesitamos nada y, por lo tanto, es pura ilusión. No comeríamos, no dormiríamos y no respiraríamos si nos lo pidiera aquel a quien amamos, aquel que nos llena esta falta a la que estamos acostumbrados. Al final de cuentas eso de "encontrar a la media naranja" lo deja bien claro, "encontrar aquello que nos falta", como si fueramos mitades buscando el complemento.

Después de tanto deambular por las faltas, las ajenas y las propias, no queda mucho más que decir. Sé que lo que viene es lo mismo que ya fue, el eterno retorno de lo mismo al cual me veo condenado. Todos tenemos nuestros ciclos y nuestras faltas, así como también tenemos a aquellos que cada cierto tiempo se dan una vuelta por nuestra vida para mostrarnos una vez más esa necesidad, esa que tantas veces tratamos de ocultar o a la que simplemente nos acostumbramos y ya no notamos.

Es eso lo que hace tan desagradable los reencuentros, hacen que nos demos cuenta de nuestra necesidad, de nuestras miserias, de nuestra falta... de esa eterna falta que a ratos nos atormenta. Aún así, a pesar de todo lo que ha pasado y sé que volverá a pasar, me gusta reencontrarme con el individuo en cuestión, me entretiene y me permite pegar un salto a la fantasía, a la mentira de la completud, aunque sea por un par de horas o, con suerte, días.

Recuerden, el amor es ausencia... un intento de negar la falta.

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