lunes, 24 de marzo de 2008

Encuentros Desagradables

Hoy tuve que vivir una de esas típicas situaciones incómodas, donde se dan encuentros desagradables, esos típicos encuentros con personas que de un momento a otro se vuelven "no gratas", no por elección nuestra, si no porque ellas solas se marginan en un arrebato de dignidad adolescente, esas "paradas en la hilacha" medio hormonales, con voces alzadas y desplantes de diva y todo, por supuesto, a raíz de una tontera. Hoy fue el primer encuentro directo luego de aquel acontecimiento -ocurrido a fines del año pasado- y fue absolutamente incómodo. El problema es que con este personaje nos une el deber, ambos hacemos la ayudantía de un ramo y, como será obvio, no nos queda más que relacionarnos. Hoy tuvimos la presentación al curso (ese momento incómodo donde el profesor -nuestro jefe- nos presenta como ayudantes frente a los alumnos y se dan las indicaciones correspondientes) y el saludo fue, por decir lo menos, frío. Es que, como ya he dicho, a mi lo del cinismo no me resulta y se me nota en la cara cuando estoy incómodo o alguien me desagrada. Luego de la presentación vino el silencio absoluto, segundos que parecieron días, para que finalmente el profesor -que resulta ser aquella sustancia que nos une de forma incómoda, cual siameses unidos por la cabeza- interrumpe aquel momento hablando sobre el ramo, la ayudantía, etc. Cabe destacar que este incómodo y silencioso momento ocurría delante de los alumnos (parado frente a todo el mundo), razón por la cual era aún más desagradable, porque además de aguantar aquella presencia "no grata" teníamos que fingir, por lo menos fingir cierto respeto, el cual -siendo bastante sincero- poco me queda por este personaje. Luego de unos diez minutos termina el discurso del profesor, unas palabras mías, unas palabras de ella y se acaba el cuento, hora de irse. La despedida fue todavía peor, más fría y distante, cosa que tengo claro el profesor notó... y este profesor las "pesca" al vuelo, así que pronto vendrá lo inevitable, ese "¿qué pasó con ....?" (prefiero evitar nombres), y obligadamente habrá que dar las explicaciones del caso. Se comprenderá que fingir, mentir y otros menesteres de similar origen resulta, por decir lo menos, difícil entre psicólogos porque, si bien no leemos mentes, conocemos ciertos "haceres y deshaceres" de los individuos y, además de eso, el análisis de discurso no nos falla.

Con mi amiga hemos reflexionado sobre esto, ya que nos ha pasado un par de veces lo mismo, alguien se nos acerca, hacemos grupo de estudio (y supuestamente amistad) y luego, pasado corto tiempo, algo ocurre que estos "pollitos" recién llegados se creen con suficiente valor como para dejar el nido a través de una escena digna de Paris Hilton u otra niña consentida de ese estilo. Siempre nos pasa, esta vez no fue la excepción, estas dos niñas llegaron como pollitos, sin fé en sí mismas, alumnas relativamente mediocres (cuando hablo de mediocre no hablo de calificaciones pésimas, si no que de alumnas que no destacaban por sobre la media) y sin metodología de estudio, para luego, en un abrir y cerrar de ojos, mandar un par de puteadas y alejarse con la nariz apuntando al cielo. Puede ser que con mi amiga, por el hecho de ser un poco más viejos y haber vivido bastantes más cosas (por diversas circunstancias), se nos da el rol "viejo vivido" y la gente aprende (más o menos, dependerá de quien) a desenvolverse, a enfrentar diversas cosas y a atreverse con muchas otras, para luego, en este mismo afán, dejarse llevar por el ego y alejarse. Debo reconocer que lo digo con el ego herido, una herida en el narcisismo, porque independiente de la supuesta amistad, lo que había por sobre todo era una relación de aprendizaje... aunque suene narciso, pero han aprendido de nosotros algo más allá de lo académico, porque, me guste o no, con mi amiga nos ha pasado de todo en la vida, nos ha tocado duro a ratos y más suave en otros y así, y por el hecho de tener un poco más de tiempo sobre esta tierra, se va aprendiendo a punta y porrazo, cosa que muchos se evitan aprendiendo de otros, en este caso, nosotros.

Tal vez ese sea un rol que se nos atribuye, el de ser parte de un proceso de crecimiento, así como estas personas también lo son para nosotros, nadie puede decir que en las relaciones, sean del tipo que sean, no se da un aprendizaje recíproco, un crecimiento de ambas partes. Me molesta de todas formas el haber sido el impulsor de estos personajes, haberlas ayudado de una u otra forma, a destacarse en lo que hacen, para que luego hayan tenido una reacción como la que tuvieron. En la vida siempre hay maestros, los reconozcamos o no, yo tuve los míos y supe apreciarlos, mi amiga tuvo los suyos, de los cuales sé también está agradecida, tal vez a nosotros nos tocó enseñar a crecer, a que confíen y tengan los roles que estas niñas ahora tienen, a que saquen provecho a sus potenciales, quizás ese fue nuestro rol en este cuento. Espero, por lo menos, que estas niñitas no se den el lujo de ser venenosas, porque "a venenosa, yo venenoso y medio" (si es que se entiende la idea).

Al final del cueto lo único que queda absolutamente claro es que el naricisismo herido es de lo peor.

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