jueves, 20 de marzo de 2008

La Comunidad de la Aceituna y los Gases de un Extraño

Aunque las clases ya empezaron aún me encuentro en el período de relajo. Lunes y Miércoles sin clases (hasta el momento, aún me falta tomar un electivo y coordinar los horarios de las ayudantías que haré este semestre) y con los feriados de Semana Santa es casi como unas pequeñas vacaciones extra. Es así que aprovechando este tiempo nos hemos estado reuniendo frecuentemente con la recientemente inaugurada Comunidad de la Aceituna.

Ayer tuvimos una noche de alcohol, baile y buena conversación. Fuimos a la que ya es nuestra sede oficial, luego a Pagano (una disco de Valparaíso) y luego nos devolvimos a nuestro "centro de operaciones" para aprovechar lo que quedaba de noche. Mucho baile, buena música y ron a cantidades industriales, creo que mi organismo asimiló alrededor de 13 ron cola, bastante, sobre todo considerando que estaban bien cargados al alcohol. Nuestro viaje de vuelta desde la disco fue algo accidentado, el nunca bien ponderado cambio de micro, anunciado por el pintoresco "parrillero" que dice: "hagan el faor' de suirse' a la micro de atrás" (difícil que alguien que no sea de Chile entienda esa dinámica, es bastante singular... tal vez en otra ocasión dedique unas líneas a nuestro sistema de transporte). Por supuesto que la famosa "micro" de atrás (micro = bus, liebre, guagua, colectivo, etc. depende del país) estaba llenísima, así que el viaje tuvimos que hacerlo de pie en el pasillo. En un intento de acomodarnos como mejor pudimos, pensamos (Paulina y yo) que Alejandra (otra de las integrantes de la Comunidad) se había perdido, quedado abajo de la micro o quien sabe qué... cuento corto: no sé cómo, pero logró encontrar un lugar para sentarse entre la palanca de cambios de la micro y el asiento del conductor... sólo ella y Dios saben cómo se acomodo ahí, pero lo hizo.

Luego de unos minutos de viaje comienza a salir un olor extraño. Es frecuente que cuando mucha gente se reúne en un lugar pequeño salgan ciertos olores corporales, sobre todo considerando la hora y el nivel del alcohol que la mayoría de los que ahí viajan tienen en el cuerpo, pero este olor era particular, era un gas, también conocido como peo o pedo. El "aroma" era bastante insoportable y yo sospeché (por la ruta imaginaria que uno puede concebir cuando se percibe un olor) que provenía de la persona que tenía justo delante mío. Como es de suponer comencé a mirarlo con cara de sospecha, cara que también contenía algo de reproche, él, por su lado, hizo lo suyo y comenzó a mirarme con esa misma actitud. Que increíble como una mirada inquisidora puede hacerte sentir culpable de algo que no hiciste. Así las cosas entre miradas y miradas todo el mundo estaba asqueado, todos sospechaban de todos y no sé si era más fuerte la paranoia o el asco, pero todos trataban de mirar al otro como diciendo "tú tienes que haber sido, porque yo no fui". Después de un rato el olor pasó, todo volvió a la normalidad hasta que unos minutos después una nueva oleada de ese olor nauseabundo llegó a mi nariz. Pensé: "esto es el colmo, un gas se le puede salir a cualquiera, pero ya dos es hacerlo a propósito". Esta vez el olor era más penetrante, con Paulina comenzamos a comentar el asunto, no sé si en un afán de dejar en claro que nosotros no habíamos sido o en un intento por descubrir al culpable, tal vez se sonrojaría o trataría de cambiarse de lugar, alejándose de nuestros insidiosos comentarios, pero no, nadie hizo nada. Es que tal vez al hacer eso nos inculpamos, tal vez la gente pensó que con esos comentarios estábamos tratando de ocultar nuestra culpabilidad, pero no señores, nosotros fuimos y seguimos siendo inocentes de tal fechoría. Luego de comentar un rato y reír de buena gana pasaron unos minutos y oh sorpresa!!!, una nueva oleada de aquel gas tóxico. Ahí el comentario fue "Ah nooo, está hueá es con saña". Reímos otro rato de buena gana hasta que llegó el momento de bajarnos. Luego fuimos a comprar algo para comer, unos snacks y algo más para la casa, todo con el objetivo de recuperar fuerzas para continuar disfrutando la noche. En el camino a casa fuimos protegidos por Azapa y Verde, dos perros que nos siguieron hasta la puerta de nuestro centro de operaciones, bautizados esa misma noche, siendo ambos guardaespaldas oficiales de la Comunidad en sus aventuras de media noche. Una vez en el departamento conversamos, escuchamos música y reímos, tal vez muy fuerte, porque la fuerza policial llegó a hacernos callar... por supuesto que hicimos caso hasta donde nos convenía y seguimos con nuestro divagar y nuestro reír hasta que el sol entró por la ventana, anunciando el fin de la velada y que era hora de volver al hogar, a la cama y a reponer fuerzas para una próxima reunión.

En cuanto a los gases que pudieron ser percibidos aquella noche, insisto majaderamente en nuestra inocencia, puesto que si bien más de alguna vez se nos ha escapado un gas, nunca ha sido en un lugar con tanta gente, sólo dentro de la comunidad. Es que por lo menos por vergüenza te lo aguantas. Además que el pobre ser humano que soltó aquellos gases estaba muerto por dentro, es que para poder despedir ese olor tiene que haber algo seriamente mal en ese organismo.

Tal vez como una suerte de castigo divino por mis comentarios sobre los gases del desconocido, hoy amanecí con una actividad digestiva un tanto acelerada, pero no llegando a ser molesta (disculpando que el lector tenga que enterarse de estas cosas tan cotidianas, pero tenía que comentarlo a modo de confesión y dejar de forma explícita una vez más mi convicción de que el karma existe señores, que todo se devuelve en la vida, de una u otra forma, más temprano que tarde).

En resumen, fue una olorosa, pero agradable noche. La Comunidad de la Acetiuna ha resultado ser todo un éxito y no me puedo sentir más feliz de la agradable compañía que Paulina entrega, junto con su humor tan parecido al de Alejandra y mío. Las miradas de reproche y hasta odio que se pueden percibir de las que en otro momento pudieron haber sido consideradas "amigas" resbalan cuando la buena companía está presente. Es de esperar que dichas personas, de las cuales próximamente hablaré, crezcan y vean más allá de la punta de su pequeña nariz.

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