sábado, 15 de marzo de 2008

Psicología, Psiquiatría y Ética

Las dicotomías normal-anormal y salud-enfermedad son clásicas y parte fundante de la forma en la que entendemos el mundo. El dividir la realidad para poder comprenderla se ha vuelto una práctica habitual e incluso necesaria, realizada con el fin de mantener los extremos, puntos opuestos que pensamos nos permiten diferenciar aquello que "debemos" de lo que "no debemos" ser o hacer. Si entendemos que la nosología psiquiátrica está basada en esta visión de mundo, podemos comprender la parcialidad de esta disciplina (y en general todas las disciplinas relacionadas con la salud) y la incapacidad inherente que tiene el pretender describir patologías desde puntos opuestos, mediante una concepción de la realidad basada en la diferencia, apuntando siempre a la enfermedad como concepto diferenciador de un estado otro -ideal- denominado "salud". Es en este sentido que la nosología cobra un carácter ético e ideológico, puesto que al marcar esta oposición, estamos también marcando una diferencia entre "bueno" y "malo". Es así como las bases fundantes de los conceptos médicos están dadas por la dicotomía primera, bíblica, de corte moral y parcial, teniendo como concepto regulador un estado de "bienestar" que no permite estados intermedios, siendo este estado algo inalcanzable. Podemos comprender entonces que esta diferencia trae consigo una dificultad en la comprensión y tratamiendo de la enfermedad, no entendiéndola como un estado "otro", diferente, como una concepción de mundo particular, si no como algo que debe ser cambiado o, de no poder ser así, eliminado. Bajo esta premisa es que ya hace unos tres siglos se ha elegido la reclusión de los pacientes psiquiátricos, confinándolos a verdaderas cárceles, aplicando, en los trastornos más profundos, tratamiento paliativos con el fin de mantener "controlado" al paciente, un mecanismo de control social, coartando a quien se encuentra "fuera" de la ley, mantiéndolo al margen de la comunidad, aplicando eso de "ojos que no ven corazón que no siente", alejando aquello que "no forma parte" de lo que es "bueno" y "aceptable".

En relación a lo anterior me parece pertinente recordar que quien padece es un ser humano, una persona que no carece de algo, si no que simplemente no forma parte de una red establecida desde la grieta de la dicotomía de los conceptos reguladores. Planteo y creo firmemente que las nociones parciales sobre el mundo no permiten una mejor concepción de éste, si no que son un sesgo y que fomentan una visión de mundo desde una ideología de carácter fascista, discrimando y alejando a quien no se encuentra dentro de los cánones sociales. Me parece correcto afirmar entonces que las decisiones médicas tomadas en el ámbito de la salud mental -sean éstas psiquiátricas o psicológicas- tienen un carácter socio-político innegable y que están destinadas a satisfacer las necesidades de quienes nos creemos "dentro del sistema", no considerando las necesidades del paciente, faltando así a la ética, ideología, vocación y misión que nos convoca como profesionales de la salud.

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