miércoles, 9 de abril de 2008

Enemigo al Acecho

La Comunidad de la Aceituna está en pie de guerra.

Al parecer aquellas que nos daban lo mismo han declarado la guerra y, como buena comunidad que somos, lo enfrentamos juntos. La niñería ha llegado a niveles tales que las miradas, cuando no son de cinismo, son de puro odio. ¿Qué hacer en situaciones como esta?.

Es inevitable la presencia de la molestia, porque ninguno de nosotros somos particularmente buenos en el arte de fingir y se nos nota, pero por sobre todo se nos nota porque esas miradas son inesquivables. Es que es tal el nivel de inmadurez que parece arrastrarnos a un torbellino de chismes que nosotros no pretendíamos y por supuesto no queríamos armar. Pero cuando aquellos que se alejaron se alían con los que antes se fueron, todo parece transformarse en una novela épica. Los hechos consumados son más fuertes que todo dejo de respeto por la que alguna vez supusimos fue una amistad y ahora "enemistad", es irrevocable y el enfretamiento inminente.

Que extraño es saber que las maniobras del otro llegan a tal nivel de manipulación que hacen cosas que en algún momento fueron improbables, consideradas hasta imposibles, pero que ahora son una realidad. Los comentarios pueden no siempre escucharse, pero se notan, puesto que la sonrisa cínica y la palabra amable están cargadas de malas intenciones y de lo que, al parecer, son movimientos estratégicos, todo con el fin de confabular en contra de los que ahora podemos pensar y sentir como amigos. ¿Cuál es el fin detrás de todo esto?, ¿cuál es la motivación que lleva a "aquellas" a hacer lo que hacen?. Tal vez sea la rabia, el sentirse reemplazables y desplazadas. estoy especulando, puesto que no tengo claras sus intenciones... ahora son verdaderas desconocidas. Cuando las caretas se caen y se asoma esa faceta que muestra cómo las personas son realmente es cuando se sabe, de golpe y porrazo, con qué tipo de personas te has relacionado y la realidad pesa, pesa como la verdad que una mentira oculta, que no se conoce, pero se siente.

Lo enfermizo de todo el asunto es que en nuestra casi indiferencia (digo "casi" porque la herida narcisísta permanece) la sanación y el perdón parecían posibles, pero ahora, con esta "guerra" llena de desbordes de manipulación nos vemos entre la espada y la pared, enfrentados a decidir entre responder o pasar por alto. Sinceramente lo que puedan decir de mi me tiene sin cuidado, pero no puede dejar de molestarme que personas que no tienen nada que ver con el hecho que desencadenó todo esto se vean involucradas y sean ofendidas por este par de niñitas insípidas, siendo que quienes nos acompañan han sido, y serán, mucho más personas de lo que estas pobres inocentes podrán llegar a ser incluso en sus sueños más prometedores. Pende sobre ellas la espada de Damocles, pues si sus ofensas siguen, éstas no pasarán desapercibidas. No me rebajaré a contestar sus niñerías con niñerías, pero sí quedará claro que si por el deber nos vemos unidos, con ese mismo deber desempolvaré mis más antiguas tácticas de manipulación, aprendidas de quien puedo considerar el más manipulador de los manipuladores, y más temprano que tarde tendrán respuesta de quien creen no responderá, para que aprendan que la mano que devuelve es más pesada que la mano que da y que el enemigo al acecho, al fin y al cabo, soy yo.

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