martes, 29 de abril de 2008

Que Fluya el Desahogo

Agotadísimo.

Como un trillón de horas fueras de casa (bueno, no tantas, pero sí como 17), mucho para mi gusto. Mis días pasan entre pacientes, informes, pruebas, estudios, monografías, ayudantías, revisión de controles y pruebas, clases, mucho café y una que otra cerveza ocasional para hacer más digerible los momentos de tensión... estoy cansadísimo.

Tratando de sobrevivir a la vorágine en la que se han convertido mis días de estudiante, es "placenteramente estresante" de todas formas... ando con aires de pseudo-profesional estresado... rico, bien, pero cansador.

Momentos en los que el estrés se vuelve goce, pequeña perversión de mis horas de trabajo y estudio. Queda sólo sufrir bien y aprovechar los momentos en que el placer es doloroso y agobiante, pero que es placer al fin y al cabo. En pequeño perverso polimorfo me he convertido, volviendo a la necesidad, al lugar donde el goce lo es todo, pero donde ahora nada satisface completamente. Regresión a los estados de carencia, a aquellos momentos de falta en los que la completud se ve lejana, pero que de una u otra forma se hace presente en la fantasía de tener esa mitad ansiada. Momentos extraños que creía olvidados pisan fuerte esta conciencia martirizada por el cansancio, ese cansancio vulgar y a ratos superficial de las obligaciones, de las tensiones cotidianas que a momentos agobian.

Divagando y plasmando palabras incoherentes paso este pequeño momento de ocio que con esta frase culmina.


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