miércoles, 14 de mayo de 2008

De Maestros y Aprendices

Por fin unos momentos de relajo, así que los aprovecho para escribir algunas letras.

Hoy fue un día de carreras. La hora de mi paciente de la mañana me topaba con la hora de otro paciente -el de un ramo- así que esperé y rogué para que mi paciente llegara temprano, empezar antes y así poder terminar antes también... claramente no fue así, ley de murphy y hueas, obvio que llegó tarde y yo urgidísimo empezando la sesión. Más encima tenía que tomarle un test medio largo y hablar con él un rato antes, es que tampoco puedo llegar y tirarle el test. El cuento es que salió todo bien porque justo él tenía que irse temprano, así que "la hicimos cortita", para que los dos pudieramos cumplir con nuestras obligaciones anexas, el único problema es que a mi este tope de horarios me va a pasar todos los miércoles y dudo que él quiera o pueda terminar siempre antes la sesión. Después de eso el otro paciente todo bien, es infanto, así que igual piola, a pesar de que me cargan porque eso que tener paciente a través de un tercero no me atrae mucho (cuando hablo del tercero me refiero a tener paciente a través de sus padres o tutores), es complicado eso de tener que articular un proceso con una persona a través del discurso de otra, en fin. Por otro lado la profe es muy estructurada -tal vez mucho-, llega al borde del TOC, pero por lo menos sirve para construir paso a paso el caso, mejor para mi, considerando que no tengo mucha experiencia con niños (digamos que no tengo mucha experiencia en nada todavía, pero en adultos me manejo más), así que recién empezando con eso y esperando que la cosa no se me complique mucho más.

...

He estado pensando en la clínica y los efectos que tiene. Siento que el ejercicio de la psicología clínica te cambia, a mi me ha pasado un poco, es que no siempre es fácil mantener la imparcialidad cuando diferentes personas te cuentan sus problemas, a ratos cuesta ordenarse, armar las historias que subyacen, ser empático, pero a la vez imparcial... ese es un equilibrio que cuesta mantener, sobre todo cuando tienes otras mil quinientas cosas en la cabeza. No es fácil eso de restar al individuo del terapeuta o mantener la atención "parejamente flotante", en la teoría es fácil, pero en la práctica es otra cosa. Aparte que hay ciertos momentos en los que no puedes mantenerte de fierro, soy un creyente en que la capacidad emotiva del terapeuta como otro es contenedora, más allá de la contención que ya brinda la escucha, creo firmemente en que como terapeutas podemos impresionarnos, emocionarnos y comprender, sentir y tratar de ayudar, claro que siempre desde una distancia prudente, la cual permita el ejercicio ético de la profesión, pero sí manteniendo un equilibrio justo entre la neutralidad y la humanidad, creo que esa es una posibilidad clínica concreta, una herramienta que abre las puertas a la sanación junto con la escucha. Claro que todo esto también es un camino de autodescubrimiento, al ejercer vas experimentando y te vas dando cuenta de qué técnicas son las que te acomodan, cuáles son las que prefieres y cuáles son las herramientas que te permiten un mejor desarrollo de los casos que se te van presentando, para lo cual también hay que ser el poseedor de una flexibilidad particular, puesto que hay que estudiar el caso a caso, no pudiendo encasillarnos en una metodología rígida, ya que esto sería contraproducente tanto para el paciente como para el terapeuta.

Creo que la escucha, más allá de ser una forma de sanación, tiene -como práctica profesional- un gran potencial para el desarrollo personal de quien lo realice, siendo posible un proceso de cambio. Al aprender a escuchar se adquiere la posibilidad de ver las cosas en perspectiva y atender al discurso de una forma diferente, siendo esta -a mi parecer- una condición para el establecimiento de una relación terapéutica, que es al mismo tiempo empática, siendo esto a su vez, una condición de posibilidad para la sanación.

Es de esta forma como mi desarrollo como terapeuta va apareciendo, de a poco, con caídas y lecciones de quienes en este momento puedo considerar mis guías y maestros, personas a quienes les agradezco la sabiduría que me han ido entregando y el aprendizaje que han hecho posible, personas quienes también me permiten un crecimiento personal, un proceso de autodescubrimiento y un desarrollo didáctico de mis capacidades y limitaciones como terapeuta.

A todos ustedes, gracias.

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