martes, 20 de mayo de 2008

Procesos, Cierres y Ausencias

En una de nuestras largas conversaciones por teléfono con una amiga, estábamos reflexionando sobre los procesos, los cierres y las ausencias. Ella está viviendo un proceso donde se ha tenido que hacer cargo de ciertas cosas, cosas que en general habían estado relegadas porque el deber había provocado en ella la necesidad de hacerse cargo de asuntos cotidianos, cosas de casa, cuentas, gastos, en fin, cosas que no necesariamente le correspondían, pero responsabilidades que por diversas causas se vió obligada a tomar. Desde hace poco tiempo que ella tiene espacio para sí misma, lo cual le ha provocado sentimientos encontrados, pues se ha tenido que enfrentar y hacer cargo de cosas que había evadido -voluntariamente o no- durante mucho tiempo. En general el ver y aceptar asuntos complejos sobre nosotros mismos es un proceso largo que involucra conocer, reconocer, hacerse cargo y resolver. Indudablemente mi amiga conocía y reconocía sus faltas, pero lo de hacerse cargo y resolver había sido postergado largamente, así que ahora, después de un proceso previo de desentenderse de lo que antes la distraía, ha comenzado esa parte del ciclo. Ha sido difícil, he sido testigo de aquello, pero al mismo tiempo me he dado cuenta de lo profundamente productivo que ha sido para ella y de la suerte que he tenido de acompañarla y aconsejarla durante esta parte del "viaje".

El hacerse cargo de las faltas que nos llenan -aunque suene paradójico- es un proceso que por varias razones tuve que vivir hace mucho tiempo. Que no se entienda con esto que creo tener la vida resuelta ni mucho menos, bastante me queda para eso -si es que se puede llegar a pensar que en algún momento alguien puede tener "la vida resuelta"-, pero hay bastantes cosas que he ido cerrando y otras que han quedado abiertas, sobre todo una, pero eso ya es tema para otro cuento. Lo central es que al ir haciéndose cargo de las ausencias nos vamos haciendo cargo de nosotros mismos, pues algo de lo que podemos estar seguros es que nunca estamos completos, siempre falta algo o alguien para llenar ese espacio que, al fin de cuentas, debe quedar abierto. Es así que la vida me ha ido enseñando cómo los círculos se van cerrando en la medida que se va creciendo, que se van entendiendo conflictos que no necesariamente se tenían claros y que de esta manera se van llenando vacíos y se van abriendo otros. Creo que el hecho de creer que todo sucede en el momento oportuno (posiblemente no porque el universo conspire en nuestro favor, si no porque al nosotros estar en cierta posición vamos provocando cosas que en nuestro "estado previo" no podíamos concebir), es una de las lecciones importantes que, por lo menos yo, he podido extraer, la cual ayuda a mantener cierta idea de lo que queremos y podemos lograr según el momento en el que nos encontremos. Es por esto también que creo que el ir cerrando ciclos nos va dando oportunidades nuevas, nos muestra la posibilidad de una nueva fase y de un nuevo cambio, donde se va configurando esta cadena interminable que es la vida.

Por todo esto reafirmo lo afortunado que me siento de acompañar a mi amiga en esta metamorfosis, larga y difícil, pero enriquecedora al punto de ser capaz de cambiarla como yo la he visto cambiar. Falta, se nota -es que siempre es más fácil ver la pelea desde la otra vereda- pero sin duda va bien encaminada. Espero que ella piense lo mismo de mi.

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