sábado, 16 de agosto de 2008

Tarde de Café y Análisis

La comunidad se reuniría en la noche, razón por la cual con la Mary decidimos terminar nuestros reiteradamente postergados deberes. Nos juntamos en la universidad, como en algún momento ella se me perdió de vista, no se le ocurrió nada mejor que empezar a hacerme señas desde lejos, lo que provocó una torcida de tobillo de aquellas. Entre risas por lo ridículo de su torcida de tobillo, el dolor y el deber, decidimos irnos a su casa para almorzar y después de eso por fin terminar la tarea encomendada por la que ahora es la jefecita de ambos.

El almuerzo fue "contundente", así que no nos sentíamos en condiciones de comenzar inmediatamente después de comer, así que después del café y conversar un rato empezaríamos. Con los elementos necesarios para hacernos el café nos dimos cuenta que a ambos nos gusta batir el azúcar con el café antes de poner el agua. No sé si fue a modo de seguir postergando el deber, pero batimos incesantemente aquella mezcla, resultando algo con una textura parecida al helado. Una vez completado el proceso quedó un café que no puedo denominar de otra forma más que "exquisito". Por el excesivo batido quedó una capa de espuma bastante espesa, y como había crema, me aventuré a echarle un poco y en un desborde de creatividad empecé a hacer figuras. La aceptación de esta improvisada idea fue la mejor, así que los dos empezamos a hacerlo entre risas descontroladas... probablemente una defensa maníaca ante la que seguía siendo una postergada responsabilidad -y que pasaba a ser una irresponsabilidad-, pero lo hacíamos y no podíamos parar.

Mientras nos tomábamos este casi experimento alguno de los dos -no recuerdo quien- dice:

- Ohhhhhhhh, ¿y qué pasaría si le ralláramos chocolate encima?
- Uhhh, siii... ¿vamos a comprar chocolate?

Fuimos a comprar chocolate e hicimos lo anunciado. Quedó espectacular, sobre todo porque después se nos ocurrió mojar el chocolate en el café, quedando algo entre cremoso y sólido que se mezclaba con el sabor del café y la crema.

Después de este desborde alimenticio-goloso, nos tiraríamos de cabeza a cumplir nuestra misión... o por lo menos eso creíamos. Desde luego no fue así y nos tiramos en el sillón (nos tiramos literalmente, no nos sentamos, si no que nos acostamos en él) y empezamos a conversar sobre cualquier cosa. Lo mejor de la posición en la que estábamos es que no nos veíamos mientras hablábamos, lo que en nuestro casi delirio -probablemente debido a la gran cantidad de glucosa en nuestra sangre- se asemejaba a una situación de análisis (psicoanálisis). Empezamos a hablar de lo primero que se nos venía a la mente y terminamos en una pseudo-conversación a ratos bastante incoherente y superficial, pero que indudablemente fue lo mejor del día. Fumábamos, conversábamos y a estas alturas la responsabilidad era un recuerdo borroso que sólo aparecía en la conciencia con un "puta la wea, somos lo peooorrr" y una risa de complicidad que borraba de inmediato cualquier protesta del Pepe Grillo (que en ese momento probablemente estaba en coma diabético).

Ahora la idea es que estas tardes de café y análisis se repitan, ya quedaron ancladas en nuestra memoria y el grato recuerdo nos hará revivir la situación en otro momento, donde probablemente también estemos evadiendo alguna responsabilidad.

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