martes, 19 de agosto de 2008

Una Demanda de Amor

Pensando sobre la histeria y su constante demanda de amor y reconocimiento es que me vi reflexionando nuevamente sobre el ejercicio de la psicología clínica.

Tengo un caso de histeria clásico, casi de libro, cosa que me hace muy ameno el revisar bibliografía sobre el tema, sobre todo por la agradable coincidencia que en un ramo estamos revisando algunos casos Freudianos clásicos, como Dora y Elisabeth.

Reflexionaba sobre mi paciente y sobre cómo abordaría algunos aspectos, pues no es fácil tocar ciertos temas con los pacientes de este tipo, y de pensamiento en pensamiento llegué a pensar en lo que significa el llegar a consultar, lo que puede significar para el paciente, como acto y como proceso.

El querer participar de un proceso terapéutico es algo que indudablemente involucra muchos niveles, sobre todo emocionales, pues además de tener una motivación específica y particular -la que se manifiesta como motivo de consulta-, también existen otras cosas que pueden escapar a la conciencia o, si se prefiere, a la voluntad. Y es que toda consulta terapéutica es una demanda de amor encubierta, un llamado de atención, una petición que no sólo existe de acuerdo a la necesidad patente, si no que también existe en un estrato más profundo, es un llamado al terapeuta, un "escúchame, entiéndeme, ayúdame" que creo -como he dicho en otras oportunidades- no sólo hay que atender desde una posición terapéutica que se podría llamar "clásica". Creo que hay momentos en los que los pacientes necesitan un apoyo concreto, "especular" si lo hablamos Lacanianamente, porque me parece que también la contención es un pilar terapéutico que, más allá de la perspectiva teórica que se adopte, no nos puede ser indiferentes.

Este es un gran tema, por lo menos para mi en estos momentos, ya que desde la perspectiva teórica que estudio y practico -a veces con dificultades- este rol del terapeuta es un arma de doble filo, porque la capacidad de remover y movilizar aquello que el paciente reprime (retiene, oculta, guarda o como se prefiera), está dada por una posición que es la opuesta a la de un sujeto que contiene y sostiene (usando términos teóricos prestados), ya que existe la posibilidad de estancarnos en lo especular, es decir, en una relación de "pedir y responder", donde el paciente pide y el terapeuta da, la cual impide el avance y establece una relación Sujeto - Sujeto que no es la que clínicamente podría lograr avances significativos en un sentido psicoanalítico lacaniano.

Es en este sentido que me parece sumamente interesante entender la terapia como una petición por parte del paciente, debido a que pienso que el quehacer de uno está innegablemente dado por el del otro, pero no siendo ésta una petición cualquiera, sino que una petición y una demanda de amor que se hace real en la escucha, pero que a los que somos psicoterapeutas psicoanalíticos en formación, se nos puede hacer en más de alguna ocasión difícil, sobre todo por la necesidad de mantener este pedido a una distancia necesaria y prudente, la cual permite -desde esta mirada teórica- una ayuda real.

Que complejo es llevar a la práctica aquella frase de "restar al individuo del terapeuta", cosa a veces tan necesaria, es que es difícil comprender en la práctica cómo podemos ayudar sin establecer una relación de contención permanente. Es entendible que si caemos en el juego constante de la demanda, adoptaremos una relación "ortopédica"con el paciente, como una prótesis que ayuda al otro a caminar, estableciéndose así una relación de necesidad que cerraría toda posibilidad de evolución en la clínica.

¿Cómo responder a la demanda?, ese es el punto que tenemos que dilucidar, resolver qué "estrategias" podemos adoptar para realizar una práctica que beneficie a quien nos pide ayuda, así como también permita -a veces muy a pesar del paciente- una relación en un sentido otro, que a ratos incluso puede parecer violento para aquel que piense en la clínica como un constante dar y contener, pero que, para algunos, nos parece la forma de resolver, comprender y apreciar esta simple y bella demanda de amor.

1 comentario:

alfredo dijo...

comparto lo de responder a la demanda, que es lo que tenemos todos los clinicos en comun. Ahora la relacion terapeutica no la considero un dar.recibir; sino con una postura mas humanista, de acogida, respeto y aceptacion incondicional.

lo que le distancia un poco del psicoanalisis es la postura de interpretar e intentar de indagar lo no consciente, lo que se reprime. claro, en mi caso es buscar las causas, pero trabajar con los pensamientos, y para lograr eso tengo que buscar una posicion que mejore el vinculo terapeutico, sin perder la distancia, por supuesto. mas que mal, somos los agentes socialmente reconocidos, y aunque algunas escuelas lo nieguen, hay una situacion de desigualdad de poder, la que no encuentro mala, solo hay que tratar de no ser iatrogenico, o usar la iatrogenia en pos de los objetivos terapeuticos.

no se lo que busca el psicoanalisis como finalidad en la terapia. pero sé que la relacion terapeuta-paciente es mas fria... o por lo menos es un mito.

pero si damos algo, y el paciete recive. creo que respondemos a la demanda mediante los objetivos terapeuticos, utilizando el camino que mas le haga sentido al paciente para lograr el cambio, finalmente, lograr un cambio y generalizar ese aprendizaje, para poder aplicarlo en distintas atras de la vida.

reflexion poco cientifica, pero sincera.