lunes, 15 de septiembre de 2008

El infierno del Deber

No sé por qué en momentos como este siempre acudo a los viejos lugares, esos que en algún momentos tuvieron algún sentido. Lo que nunca puedo ver es que aquellos lugares tuvieron sentido porque en ese momento de mi vida significaban algo, pero ahora no necesariamente es así... hay momentos en la vida en que hay que aceptar que el cambio es inevitable, a pesar de que la compulsión a la repetición nos lleve una y otra vez a repetir las mismas situaciones y, muchas veces, a las mismas personas.

Parece que uno de mis problemas es llevar a la práctica eso de que el fin no justifica los medios, porque al final el que termina perdiendo soy yo. Si bien es cierto que mucho de lo anterior se debe a mi inflexibilidad y mi dificultad para aceptar cambios, siempre he pensando que los cambios son positivos, aunque cuando estos han llegado siempre han provocado un verdadero cataclismo. Ahora estoy en uno de esos periodos donde la estabilidad se volvió monotonía, momento que pide a gritos un cambio, cosa que se me dificulta por mi rasgos obsesivos que bordean lo patológico. Es que me he dado cuenta que mi rigidez en ciertos aspectos es preocupante. Lo peor (o mejor, a estas alturas no lo tengo claro) es que quienes me rodean conocen de esta característica tan particular y hacen lo posible por mantener la estabilidad que tanto me acomoda... y que supongo a ellos no les molesta.

No puedo dejar de reconocer que esa estabilidad que la gente que me rodea trata de mantener a veces me incomoda, no por la estabilidad en sí, si no porque a ratos me parece obligada y me siento como un enfermo mental al que hay que mantener tranquilo. No sé hasta qué punto agradezco dicho "esfuerzo" por parte de ellos, porque eso también fomenta mi inmovilidad, mi "sedentarismo psicológico", porque al no haber cambios, no hay nada que tenga que acomodar (tan piagetano ese término) y los demás se terminan acomodando a nosotros (como grupo) y, en último término, a mi. No sé qué tendré o qué haré como para ejercer tal influencia en los que me rodean, no sé si lo hacen por amor, por respeto, por miedo o qué, es que sinceramente se me hace complejo tratar de comprender aquello que los motiva a conservar (a veces contra su voluntad... creo) aquellos límites tan rígidos. A veces lo siento como un respeto desmedido, casi como una figura paterna... sobre todo siento eso en un caso particular, donde una de estas personas ha tenido una "pseudo-regresión" a los quince años y está experimentando todas aquellas cosas que por diversas razones no pudo hacer cuando "correspondían". Ahora siento que cada vez que quiere hacer algo me pide permiso, es casi como si necesitara mi aprobación y, aunque claramente no lo apruebe, lo acepto. Pero creo que aquí hay un esfuerzo en dos sentidos diferentes y ninguno está sacando nada en limpio, porque por un lado esta persona pide mi aprobación como forma de respetar mi inflexibilidad y por otro lado yo acepto su propuesta tratando de romper mi inflexibilidad, entonces a la larga no vamos para ningún lado, porque estamos trabajando para lados opuesto, uno hace y el otro intenta deshacer.

Compleja situación en la que estoy metido, pero no puedo dejar de ser así, estoy estructuralmente armado de esta forma y si el ambiente que me rodea fomenta estas características, dificilmente algo cambiará. Lo peor de todo es que siempre me ha pasado que cuando las circunstancias cambian de forma repentina, siento aquello casi como una traición, ahora lo puedo ver por cosas de la profesión, pero no es algo que pueda cambiar, es algo que puedo intentar de controlar (otra muestra de mis rasgos obsesivos), pero lamentablemente no se pueden manipular las sensaciones y sentimientos.

Es difícil ser espectador de tus propias fallas y saber que no hay nada que puedas hacer, porque no soy tan autodidacta como para autoanalizarme, y el deseo de cambio se estanca en la imposibilidad de apreciar las cosas desde una perspectiva que se pueda sentir, más allá del comprender, porque si hay algo de lo que peco es de racionalizar todo, volverlo todo un conjunto de conceptos, ideas y motivos analizables y comprensibles, pero que no pasan por una aceptación real. Puedo entenderlo, pero no aceptarlo. Ese es el infierno del obsesivo, "El infierno del deber" como dice el título de un libro con el que tanto me identifiqué. Estoy siempre llevado por lo que se debe o no se debe ser o hacer, lo peor de todo es que eso es medido con los parámetros que me son propios, los cuales no necesariamente son compartidos por los demás, aunque en mi caso -y como dije anteriormente- parece que todos los que me rodean se han acomodado a mis normas.

De hecho, el analizar dicha situación es una actitud sumamente obsesiva, cosa de la que me di cuenta cuando releí la entrada antes de publicarla.

Ahhggg, necesito con urgencia un análisis.

2 comentarios:

paupina dijo...

si eres proyecto de psicologo como dice tu pérfil seguramente conocerás a alguien que puede analizarte...aunque creo que es anti ético; todos se pasan la ética por la raja.
saludos de una mujer que llegó por esas cosas de la vida a tu blog.
me gustó el título.

María de los Angeles dijo...

ai son peligrosos los estudiantes de psicologia. o algo. se dan cuenta de todo po... y no puen ayudarse ellos mismos? ashí? es más difícil todo no? pucha, me dio como lata leer eso del "enfermo mental" porke todos tratan de mantenerlo estable O.o es como WHAT? pero al menos se agradece el esfuerzo.. o algo ahh ando dislexica brp

cuidate y ojalá no te kemes en el infierno

p.d.por estos dias escribiré mi cuento pa mandarlo :D