sábado, 13 de diciembre de 2008

Divina Madonna

Los nervios habían estado a punto de traicionarme un par de veces mientras contaba los días y las horas que faltaban para el momento que por tanto tiempo había esperado. El tiempo pasaba rápido, pero habían sido días de mucho ajetreo y a pesar de lo ansioso que estaba, casi no me daba cuenta cómo pasaba el tiempo.

Por fin el día llegó. El miércoles 10 de Diciembre me levanté muy temprano, ya que tenía que ir a la U, luego de eso partiría a Santiago junto a la Mary. Ese día tuve que presentarme a un examen, fue lo más ansiógeno de la semana, no sabía si lo tendría que dar o no, porque existía la posibilidad de que me ofrecieran nota y pudiera irme de una vez por todas a Santiago. Felizmente así fue, así que nos juntamos con la Mary a eso de las 9:45 para partir al bus.

Estábamos nerviosos, nos mirábamos y nos reíamos, no podíamos creer que por fin "ese" día había llegado. Cuando nos sentamos en el bus sentimos una tranquilidad aparente, teníamos tiempo de tranquilizar la cabeza mientras nos acercábamos al lugar del concierto, por lo menos durante dos horas nada dependía de nosotros.

Cuando llegamos el calor fue como un golpe bajo, en seguida recordé los acalorados días que pasé en Buenos Aires. Entre la ansiedad, que había vuelto en cuanto habíamos pisado suelo capitalino, y el calor tuvimos que abrirnos paso entre la gente, tratando de deducir qué camino tomar para llegar al Estadio Nacional, lugar donde Madonna emocionaría a aquellos que tanto tiempo la habíamos esperado. Luego de unas afortunadas adivinanzas y de seguir las instrucciones puestas en los pasillos y paredes de los recovecos del tren subterráneo metropolitano -indicaciones puestas para pseudoturistas como nosotros-, logramos llegar al lugar donde según una guía previamente consultada con un amigo debíamos tomar un taxi para llegar a nuestro destino.

Entre tanto apuro decidimos bajar las revoluciones un poco y almorzar, porque la espera que se nos venía encima era larga y agotadora. Vimos unos letreros que anunciaban en letras negras con fondo blanco algunas "delicias" caseras, las cuales parecieron bastante acertadas para ese momento, sobre todo considerando la cercanía que ese lugar tenía con el que me había sido indicado. Entramos y el calor casi nos hace girar en 180º y salir, pero como ya nos habíamos "comprometido" con una de las tipas que trabajaba ahí -quien amablemente nos había sugerido un par de platillos para deleitar el paladar- nos quedamos tratando de buscar un lugar con una ventana abierta, inútil intento por refrescar nuestros acalorados cuerpos. Quizás sea por la amabilidad de la provincia, tantas veces alabada por el santiaguino, que decidimos cumplir con ese compromiso de entrar al restaurante, compromiso tácito que se hace al conversar con quien promociona algo(?)... tal vez, no lo sé, lo central es que entramos de todas formas. Luego de comer decidimos confirmar las instrucciones ya conocidas preguntándole a la misma tipa cómo llegar al Estadio Nacional. Se nos dieron las instrucciones y acto seguido ella pregunta: "¿Van a ver a Madonna?", nosotros, cual Guasón, con una sonrisa de oreja a oreja, dijimos un: "Síiii", donde se asomaba nuestra emoción y ansiedad, revelando la poca capacidad que nos quedaba de disimular o contener la dicha que anticipábamos.

Tomamos el taxi luego de pasar a comprar algo para beber, ya que sabíamos que tendríamos que esperar varias horas al sol, cuestión no muy agradable considerando los 32º, los que, sinceramente, sentía como 42º. Cuando el taxi se acercaba al estadio y empezamos a ver más y más gente nuestros corazones empezaron a palpitar más fuerte, algo entre ansiedad, miedo y alegría se nos atoraba en la garganta, dejándonos pronunciar un apretado: "Acá por favor".

Cuando nos bajamos eran las 13:30, no sabíamos qué hacer, las filas parecían eternas, mezclándose unas con otras, adornadas por unas sombrillas tipo oriental de múltiples colores, sombreros de los más variados tipos, banderas gay y el vaivén incesante de abanicos azules que decían "Entel PCS" -los cuales habían sido entregados por las promotoras de dicha empresa- que bailaban al ritmo del calor y las gotas de sudor que caían por la frente de aquellos que ya llevaban horas esperando. Según supimos después, a esa hora ya habían 5.000 personas esperando, las cuales se convirtieron en 5.002 cuando Mary y yo nos sumamos a una de las filas, la que menos eterna se nos antojó.

El sol golpeaba fuerte, tan fuerte que no nos dejaba pensar con claridad, era tal nuestra incertidumbre que preguntamos a uno de los abundantes representantes de la ley si existían filas específicas o eran generales. Por lo menos estábamos bien ubicados, a nosotros cualquiera de esas filas nos servía. Digo "filas", porque decir "colas" sería redundar, supondrán que la presencia gay era abundante, desde los musculosos cabeza rapada y con mirada de "hardcore fuck" (no es malo), hasta aquellos que podrían ser denominados como "aquellas"; pasando por el gay histérico pseudomasculino-pseudofemenino que anda sin polera, pero con lentes de sol... nada tan molesto, ya que habían algunos con los que se podía recrear la vista.

El sol era a cada momento más insoportable, pero tuvimos la suerte de que a nuestra fila llegaba la sombra de un anuncio enorme ubicado en las alturas, lo que provocó que la fila se fuera deformando y moviendo en la medida que la sombra lo hacía, pero a pesar de esa sombra -la que sentíamos como un oasis- el calor se hacía insoportable, costaba estar de pie con tanta gente alrededor mientras el sol amenazaba con quemar todo lo que tocaba. De pronto nuestras aturdidas cabezas escuchan una voz que anunciaba algo que no logramos entender, cuando pudimos "concentrar el oído" (una inventadísima expresión) nos dimos cuenta que los representantes de la ley ofrecían a los devotos de Madonna ser mojados por el nunca bien ponderado "Guanaco". Los penintentes gritamos con furor, aquel carro que tan amenazante parece durante las protestas a nosotros nos parecía un enviado celestial. El agua comenzó a caer como rocío en nuestras caras, refrescándolas levemente, hasta que sentimos el chorro en su plenitud en nuestros cuerpos, mojándonos, empapándonos, dejando nuestra ropa, rostro y pelo estilando. Que alegría, era como una danza que recordaba jugueteos infantiles, esas tardes de verano donde los que no teníamos piscina nos deleitábamos con el manguereo refrescante.


Varias horas y varios "guanacazos" después, la espera se hizo insoportable, sólo se animaba con algunas canciones que podíamos escuchar, Madonna ensayaba y sus penitentes afuera se desesperaban, gritaban, aplaudían... quedaba poco, pero cuánto era lo que queríamos saber. Ya estábamos a pleno sol, no había cómo evitarlo, ya que la sombra nos había abandonado y no podíamos seguir deformando la fila tratando de encontrarla. Eran las 17:10 y todavía no abrían las puertas (supuestamente eso ocurriría a las 17:00), el calor seguía atormentándonos y ya empezábamos a desesperarnos, queríamos sentarnos, queríamos que empezara el concierto, teníamos sed y calor.

De pronto unos aplausos, las puertas por fin se abrían, la fila avanzaba y ahora el nerviosismo era el protagonista. Por fin pudimos entrar, caminamos rápidamente a la entrada que nos habían dicho nos correspondía, pero la duda se presentaba fuerte cuando veíamos varias filas, todas eternas, (¡más fila nooo!, ¡por favor!) y todas para lugares diferentes. Puertas 23 y 24 repetíamos mientras buscábamos con la mirada esos números que anunciarían que cada vez estábamos más cerca del lugar desde donde veríamos a nuestra divina Madonna, por fin las encontramos, habían dos filas, no sabíamos cuál nos correspondía, no importaba, nos pusimos en la que nos pareció más corta. Luego de un cambio de fila y de esperar con más calor que antes a pesar de la sombra que nos daba el estadio, por fin pudimos entrar.

Cuando llegamos al último escalón de la escalera que nos llevaba a nuestros asientos, el estadio apareció frente a nosotros, se llenaba rápidamente, pero habíamos llegado de los primeros, así que pudimos elegir nuestra posición. El escenario era impresionante, flanqueado por dos M gigantes iluminadas de rosado, de verdad parecía un edificio, tal como algunos que habían tenido el privilegio de verlo con varios días de anticipación habían dicho. Supimos de inmediato que no veríamos a nuestra divina Madonna muy nítidamente, pero eso no importaba, el sector Andes había sido nuestra elección, porque chicos de cancha no somos y ya estábamos ahí, dentro de poco veríamos el concierto de nuestras vidas. Una vez hecha la elección nos sentamos animados y más tranquilos, pero deslumbrados por el sol, el que llegaba implacable a nuestras caras. El tiempo pasaba lento, hasta que de repente Paul Oakenfold hace su aparición, eso animó a los penitentes, buena música puesta por un buen dj haría la espera más llevadera, junto con las incontables "olas" que hicimos para animarnos, las que eran coronadas con un estrepitoso aplauso.

El sol seguía pegándonos fuerte, pero el ánimo estaba arriba, la espera y el calor no nos desesperarían, habíamos esperado mucho, así que un poco más no importaba. Las sombrillas seguían adornando el estadio y al parecer una de las personas que estaban delante nuestro vió nuestros quemados rostros y nos ofreció su sombrilla, la cual aceptamos. gustosos Que alivio, el calor seguía, pero por lo menos sin el sol en los ojos, lo que fue un gran descanso para la vista y las ya coloradas frente y nariz.

A eso de las 21:40 las luces del estadio bajan y el escenario cobra vida, por fin comenzaba el Sticky & Sweet tour en Chile y yo era uno de los 70.000 testigos.

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Mi mentón comenzó a tiritar, no podía creer que estaba ahí, parado en un asiento del Estadio Nacional viendo cómo comenzaba el concierto que tantos años había esperado. Cuando palabra "C-A-N-D-Y" deletreada en letras rosadas apareció en las pantallas, anunciando por fin a Madonna, los ojos se me llenaron de lágrimas. Puede ser fanatismo, pero cuando por fin eres testigo de algo que sólo era parte de tus sueños más locos, la emoción es un elemento inevitable. Ella aparece y los penitentes gritamos con toda nuestra fuerza. Su sonrisa fue algo indescriptible, algo que sientes y que vives. La música, la gente, los bailes, las coreografías, la preparación, todo es difícil de describir, de relatar, es que hay algo en ella que me es difícil de explicar, algo que provoca, que encanta, que es diferente en vivo. Tal vez el saber que estás en un mismo lugar que ella provoque "eso" tan especial, sobre todo considerando los tantos momentos que pudimos atesorar. Cuando le gritamos "ídola", para luego interactuar y conversar con nosotros de una forma que no esperé, mientras se acercaba a aquellos que estaban más cerca del escenario y les estiraba las manos... en fin.

Las canciones fueron geniales, las coreografías, los bailes y toda la fuerza que logró imprimir en cada una de los temas fue algo asombroso. Por ejemplo en "Like a Prayer", donde la adrenalina se transformó en una suerte de éxtasis, un trance, mientras en la pantalla de fondo podíamos leer "Jesús dijo: Venimos de la Luz... y a la Luz regresaremos"; o en "La Isla bonita", puesta en escena en una versión gitana espectacular y muy colorida que nos subió la adrenalina a las nubes.

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"Devil Wouldn't Recognize You"; "Into the Groove"; una emotiva versión de "You Must Love Me" coreada por el público; "Hung Up" coronado por un "la reina destronará al rey"; "Beat Goes On" y una electrizante puesta en escena de "4 Minutes", junto con las ya nombradas "Like a Prayer" y "La Isla Bonita", fueron algunas de las más memorables partes del show. Luego de dos horas y de haber sido testigo de una espectacular versión de "Give it 2 Me", un colorido "Game Over" en la pantalla sellaba uno de los mejores momentos que he tenido y del que guardaré gratos recuerdos, ninguno de los cuales será olvidado y que traté de guardar en algunos videos y fotografías. Perdonarán la calidad de los videos, pero al celular no se le puede pedir mucho más... y a quien grababa tampoco, es que quería ser testigo del concierto en vivo y no a través de una pantalla, de ahí que a ratos salga corrido.

Hay tantos detalles que podría contar que no sé por dónde empezar, tal vez lo mejor sea dejarlo a la imaginación, a Youtube y al dvd de esta gira que en Marzo estará disponible y que claramente compraré.

Aún no puedo creer que fui testigo de todo aquello. Todavía me emociono, lo debo confesar.


4 comentarios:

Wenche dijo...

Wow!!!
Me alegra muchísimo que uno de tus sueños se haya hecho realidad. Y las palabras definitivamente te acompañaron en esa descripción tan vívida de la experiencia!

Amigo, necesito un mail con tu dirección para que Samuel te mande el asuntito ya?

Un abrazo grande, grande!!!

María de los angeles dijo...

iimpresionanteee :D

lo penca siempre ha sido la calor. también me ha tocado hacer filas a pleno sol, pero los carabineros ni se pronunciaban con el huanaco ahahah. a lo más una vez fue con mangueras xd

pero me alegra saber que lo hayas pasado bien y que cada minuto y cada peso valió :D

cariños (:

konst dijo...

QUE EMOCIONNAAAAATTEEE!! AHHHHH ME EIMAGINO YA CUANDO VAYA A VER A RADIOHEAD SENTIREW LO MISMO QUE TU AHHHH!!!!!!!

Mary dijo...

fue lo mejor del universo del infinitoo y si tuviera plata la seguiria por todo el mundo!!!

quiero verla denuevo =( y en cancha vip!!!

xD

no lo pueo supea!