lunes, 15 de diciembre de 2008

La Histeria y lo Femenino

Hace algunos días publiqué una cita de Emilce Dio Bleichmar sobre la feminidad (o femineidad, si prefieren) que causó algunos comentarios que me dieron a entender que dicha frase fue malentendida. Es cierto que poco se podía saber del contexto del cual fue tomada y al tema al que hacía referencia, razón por la que me permito hacer algunas aclaraciones para aquellos que les interese el tema.

Antes de comenzar no está demás recordar y aclarar que lo que plantearé a continuación, si bien es una producción propia (y algo improvisada por lo demás), no es una idea original mía, sino que son planteamientos dados desde el psicoanálisis; de hecho, el tema de la feminidad y la problemática del rol femenino es actualmente un cuestionamiento central para este paradigma. También me parece pertinente destacar que lo planteado no tiene por qué ser considerado una verdad absoluta y/o fundamental, sino una forma de abarcar y comprender una cuestión que ha sido discutida con fervor desde hace bastante tiempo. Por esta razón advierto al lector que antes de proceder con la lectura deje de lado sus prejuicios y tome lo que se expondrá a continuación como una breve síntesis de los aspectos centrales del tema y, por lo tanto, carecerá de ciertas explicaciones que requerirían gran esfuerzo y tiempo para darlas a conocer. Es por esto que trataré de ser breve y lo más claro posible.

Los cuestionamientos sobre la feminidad en psicoanálisis se remotan a sus inicios, ya Freud sabía que había algo que escapaba a su capacidad de aprehensión y que constituía una pared que le parecía infranqueable al momento de explicar al sujeto en tanto sujeto deseante. En este sentido es que la relectura que Lacan realiza de Freud (volviendo a sus escritos y enriqueciendo la teoría) marca un intento explicativo, desde los mismos planteamientos freudianos, sobre la diferencia radical entre el hombre y la mujer, entendidos como separados por la diferencia sexual y la privación anatómica característica de uno de ellos, pero comprendiendo que esta diferencia va más allá de un problema anatómico y que deriva en una diferencia entre masculino y femenino, lo que algunos plantean como "Teoría de Género". Entiéndase que la cuestión de la diferencia anatómica de los sexos es un tema central en tanto se comprende su efecto como movilizador de la pulsión y el deseo, entendiendo pulsión como un "empuje", un "impulso" hacia algo; en este caso, impulso de saber, también conocida como Pulsión Epistemofílica. Ésta aparece en el niño que ya conoce sobre la diferecia de los sexos en forma teorías sobre aquella diferencia y sobre la sexualidad, dando como resultado las Teorías Sexuales Infantiles.

Todas estas cuestiones son relevantes al momento de comprender el Complejo de Edipo, proceso en el cual el niño pasa de estar con y para su madre y viceversa (es decir, estar completo, satisfecho) a constituírse como Sujeto deseante (sujeto en falta, diferenciado de su madre), dejando así de ser el falo materno, es decir, aquello que ella desea, que colma su deseo.

La niña entra castrada al Edipo, a diferencia del niño, y por esto caminará un largo camino, cambiando de objeto de deseo desde su madre -quien la hizo en falta (falta de pene --> castración consumada)- hacia el padre, asunto que no deja de ser complejo, ya que ella conoce sobre la diferencia sexual, se sabe en falta, por tanto sabe que debe ser objeto de deseo y acercarse como tal para atraer a aquel a quien le atribuye aquello de lo que ella carece: el falo; es decir, existe una "promoción de la feminidad". El falo no es más que un atributo que durante la infancia está representado por el pene debido a la recientemente conocida diferencia anatómica de los sexos, no está ni existe en ninguna parte, es, como ya se dijo, sólo un atributo. De ahí es que se plantea la actitud seductora de la infante, tierna y amable con el padre, identificada así con la feminidad de su madre, rivalizando con ella para acercarse al poseedor de aquello que a ella le falta.

La niña, encandilada con la grandiosidad de su padre, deberá sufrir una nueva renuncia, deberá renunciar a ser deseada y desear a su padre, pero lo hará con la promesa de la llegada de un hombre igual a él quien le dará por fin aquello que la completará, un hijo... su falo. Una vez que esta promesa fálica está hecha, la niña espera silenciosa hasta la llegada de aquel que encarnará la imago paterna. Es aquí donde se marca una diferencia radical entre el Edipo masculino y el femenino, puesto que el hombre no cambia de objeto durante el Edipo, no hay una renuncia o cambio de objeto, tiene, por decirlo de alguna manera, una camino directo a su objeto de deseo donde cuidados y sexualidad no están divididos, deplegándose esta relación de forma prácticamente inocente. De esta forma el hombre, siempre castrado, se podrá relacionar con el otro (mujer) de la forma como se relaciona con un objeto parcial, hacia un "algo" que lo atrae, el objeto de deseo del cual queda pregnado, y del que quedó pregnado desde su infancia. La mujer en cambio, tiene una única forma de relacionarse con el hombre que es a través de la búsqueda del falo, la búsqueda de un goce fálico. Es aquí donde se marca lo inaprehensible de lo femenino, ya que existe algo más allá del goce fálico, un goce que Lacan llamó "goce otro", ya que no toda ella está castrada, es un espacio donde no hay significación del lenguaje, donde no hay falo de por medio. Esto quiere decir que el destino femenino no está agotado por la referencia fálica, es decir, está "no-toda" determinada por su condición sexuada, es decir, "no-toda" determinada por su condición de ser objeto de deseo masculino.

Ahora, después de este divagar sobre los avatares y contorneos del "viaje" edípico, explico el por qué de la frase de Bleichmar. Esta frase está tomada en relación a la histeria y hacía referencia a que la feminidad es sólo en tanto al hombre, en tanto condición de ser objeto de deseo de éste, ya que eso es algo que promueve la feminidad, tal como fue promovida para/con el padre durante el Edipo, no significando esto que la mujer está condicionada y determinada sólo al deseo del hombre, sino que en la histeria el deseo del otro es central como sostenedor de su posición en la relación entre ambos. Lo principal en la histeria es el "deseo de deseo", deseo de ser deseada, siendo esto una identificación fálica. La histérica está irremediablemente identificada al objeto de deseo del otro, desea ser deseada, pero al mismo tiempo rehuye el goce (por ejemplo el acto sexual), ya que su goce está dado en y por el deseo insatisfecho, intentando ubicarse en un "más allá de la sexualidad" que debe mantener para sentirse mujer, una mujer que no es deseada como objeto de goce, sino que deseada por su feminidad. Se entiende que la pregunta por la feminidad sea uno de los cuestionamientos centrales en la histeria, ahí radica la importancia de la otra mujer en toda relación en la que está involucrada una histérica, porque a lo que nuestras queridas histéricas intentan dar respuesta es a la ya clásica pregunta: "¿Qué es ser una mujer?", a lo que Lacan responde: "la mujer no existe".

¿Por qué la mujer no existe?. Si quiere averiguarlo comente, pregunte y pida la continuación.

;)

6 comentarios:

María de los angeles dijo...

pido la continuación, carajo. pk lo encontré bastante interesante y me gustaría saber más. y más allá no puedo opinar porque uno: no soy psicologa, me gusta nomas xd y dos: pk debería investigar mas sobre la teoria para poder hablar ahaha..

besos :D

Ce. dijo...

Exijo la continuación!... claro porque quedó toda la teoría "castrada" castrar, ahora me hace ruido la palabra

Saludos!

LatitadeAlmendras dijo...

Nunca me gustó mucho el psicoanális, igual porque me parece que sus teorías son...no sé muy bien cómo definirlo. Seguramente es que nunca lo entendí bien. Es una asignatura pendiente para mi.

Continua, por favor.

alfredo dijo...

no amo al psicoanalisis, pero nunca esta de mas leer... xD

intentaré entender.

Rafael Pedroza dijo...

Leí primero el segundo texto y luego este, que esfuerzo bien logrado Seba.

Encontré esto que me hizo eco:

"sobre la diferencia radical entre el hombre y la mujer, entendidos como separados por la diferencia sexual y la privación anatómica característica de uno de ellos"

YO no diría que existe una privación, el cuerpo es un Real, y como Real es total. La privación es la simbolización de una diferencia anatómica. Solamente, Sugiero ese punto. Como te escribí, me hizo ruido ese punto.

Muy buen texto.

Te invito a que pases por mi Blog. http://ekosilencioso.blogspot.com

Saludos desde Colombia.

Seba dijo...

Muchas gracias por tu comentario Rafael, siempre es un agrado leer a quien se interesa por este tipo de temas.

En cuanto a lo de la privación, hablé de privación para denominar de alguna manera la falta de órgano y no llamarla "falta" para no confundir los términos con algo relacionado a la falta simbólica, me refería a la falta en el real de aquello órganico que pasa a simbolizar un atributo simbólico, en este caso fálico.

Nos leemos.
Abrazos.