martes, 23 de diciembre de 2008

La Satisfacción Histérica en la Escucha de un Desconocido

Siguiendo con el tema de lo femenino y el psicoanálisis, entrego la ya anunciada tercera parte, la cual consiste en el análisis de un caso de histeria. Este caso, presentado en la película "Intimos Desconocidos", es analizado tomando los conceptos lacanianos y freudianos, tomando como referencia casos de histeria clásicos, como lo son el de "La Bella Carnicera" y "Dora".

Este escrito es original, una producción propia que estuvo sometida a una muy satisfactoria evaluación, siendo esta una de las razones por las que me permito publicarlo. Otra de las razones por las que me parece pertinente hacer público este ensayo es por mi interés particular en la incógnita de lo femenino y la forma en la que es abordada por el psicoanálisis; además de ser un tema que al parecer, por algunos mails y comentarios, ha provocado bastante interés en varios de ustedes, queridos lectores. El ensayo está estructurado como un caso clínico, es decir, una construcción que toma los conceptos teóricos y los pone al servicio de lo que acá fue considerado, con fines académicos y didácticos, un paciente. El caso está construído en un afán claramente teórico y explicativo de la histeria, dejando de lado la clínica como ejercicio, ya que no hay que olvidar que este es un caso ficticio tomado sólo con fines específicos. Sin más preámbulo, vayamos al tema.


Anna es una mujer francesa casada hace cuatro años, sin hijos, que trabaja en una tienda de equipaje de lujo. Dice no tener más familia que su marido y no tener amigos, salvo algunos conocidos en el trabajo con los cuales no tiene confianza como para conversar sobre su vida personal y sus problemas, razón por la cual decide consultar con un psiquiatra, el Dr. Monnier.

Cuando llega al edificio, entra equivocadamente a la oficina de un abogado de impuestos, William Faber, y sin percartarse de su error, comienza a relatar las razones que la llevaron a consultar. El primer tema sobre el cual Anna decide conversar es la relación con su marido. Plantea que tiene problemas conyugales, que a él le molesta que ella fume y que trabaje, pero que no es del tipo de mujer que se queda en casa. Dice que su marido ha cambiado mucho desde que, por problemas de salud, dejó de trabajar; que la trata como una niña; que quería tener hijos, pero que ya es demasiado tarde; y que desde hace seis meses no tienen relaciones sexuales, cosa que añora, ya que estraña el placer que aquello le provocaba. Además de lo anterior, la relación con el marido ha decaído porque, según plantea Anna, él está obsesionado con la idea de que ella tenga relaciones sexuales con otro hombre, acto que le parece inconcebible, porque ella no es de las que puede tener intimidad con cualquiera.

Es llamativa la actitud que Anna toma hacia la propuesta del marido, ya que ésta puede ser considerada como una posibilidad concreta que le es ofrecida para rehacer su vida y alejarse de él -un hombre enfermo e imposibilitado de satisfacerla sexualmente- oportunidad que ella rechaza tajantemente, razón por la que se puede considerar como una manifestación del rechazo y repugnancia histérica a la sexualidad, pues, más allá de lo incómodo que le resultaría tener relaciones sexuales con otro hombre, el rechazo que ella expresa hacia esa idea tiene un carácter aversivo, cuestión que manifiesta hacia todo contacto sexual con otro hombre que no sea su marido; es decir, con cualquier hombre que sólo la considere como objeto de goce, ocasión puramente sexual que rechaza, a pesar de manifestar que añora el placer del contacto amoroso. En relación a esto, bien dice Freud: "El contradictorio enigma que plantea la histeria (...) es la pareja de opuestos formada por una necesidad sexual excesiva y una repulsa exagerada a la sexualidad"1. De esta manera, también se podría considerar que el abandonar a su marido significaría perder la ubicación en este "más allá de la sexualidad" en el cual se ubicaba en la relación con él, ya que si bien ella plantea que la actividad sexual con su marido es algo que le causaba mucho placer, la relación se establecía desde un lugar donde la sexualidad no era el eje articulador, lo que se puede inferir en base a la relación que Anna entabla con Faber, puesto que es una relación que está motivada por la pérdida de aquella "posición femenina" más allá de la sexualidad que la histérica desea. En este sentido, se podría considerar que el motivo de consulta que Anna establece se genera más allá de la insatisfacción sexual en la relación con su marido; al parecer, lo que finalmente moviliza a la paciente es la petición del marido de que ella se acueste con otros hombres, plateándole que tiene la libertad de hacerlo que él desea que lo haga. En este aspecto, el lugar de Anna ha sido cuestionado, pues ella ahora es deseada como objeto de satisfacción y es ubicada por el marido en un lugar donde él demanda que ella lo sea para otros hombres, lo que pone en cuestión su narcisismo en relación a ser amada realmente, lo que se manifiesta a través de la constante defensa de su independencia, rebelándose así contra la posición de subordinación que la mujer ocupa en el fantasma histérico, siendo la defensa de este lugar "más allá" un sello característico de la histeria. De esta forma, la posición desde la cual estaba planteada la relación con su marido y, al mismo tiempo, su posición como mujer más allá de ser objeto de goce, ha sido relegada y anulada, dejando sin asidero la posición de independencia frente a la sexualidad en el que ella creía que se situaba y desde la cual se podía sentir amada, así como también pone en cuestión la misma forma de relación que tiene con su marido.

Ahora Anna no encuentra otra salida más que situarse en una posición fálica, ubicación que había relegado, más nunca abandonado del todo, para situarse en el lado de la feminidad en la relación con el marido, pero que ahora ha sido puesto en jaque por la fragilidad en la que él está sumido; ha perdido el falo, entonces, ¿quién lo detenta ahora?. Como dice Nasio en relación al discurso histérico: "(...) el fantasma de la castración sumerge al neurótico en un mundo donde la fuerza y la debilidad deciden exclusivamente sobre el amor y el odio. Yo amaré u odiaré a mi partenaire según la percepción de su fuerza o de su debilidad fálica. Por eso las relaciones afectivas del histérico se transforman inevitablemente en relaciones de dominante y dominado"2.

Anna ahora se ve empujada a retomar una posición de poder, ha perdido el "privilegio de la posición femenina". Es aquí donde entra en juego el deseo de Faber quien, frente a esta mujer que le cuenta su intimidad, se siente fascinado. La escucha sin intervenir, sin aclarar la situación más de lo que ella le permite, es así que se podría pensar que el deseo del abogado es sostenido y permitido por Anna. Ella desea que él desee escucharla; es decir, se identifica con su deseo, pues eso le permite vovler a ubicarse en este "más allá" que ha perdido con su marido y, a la vez, permite poner en juego la hipererotización histérica como forma de seducción y control del otro. Es por este control por lo que podemos apreciar que Anna se ubica en un lugar dominante, es ella quien pone las reglas y limita la información a la que Faber puede acceder, siendo esta limitación la que al mismo tiempo permite movilizar el deseo de éste y le permite a ella recuperar el control que ha perdido en la relación con su marido. Por ejemplo, el revelar o no su información personal es algo que permite movilizar el deseo de ambos, pues Faber quiere saber de ella, por lo tanto la escucha y le da la atención que Anna ya no obtiene de su marido, al mismo tiempo que su negativa a entregar información permite que se sostenga su identificación con el objeto de deseo del otro y, en consecuencia, la relación. Es de esta forma que podemos plantear que ella ha pasado a cumplir con una identificación fálica, el deseo de ser aquello que el otro desea, posición que había perdido con su marido cuando éste le pide que tenga relaciones con otro hombre; es decir, Anna al verse enfrentada a ser el objeto de goce del otro escapa a esta posición fálica que es permitida en la relación que inicia con el abogado, siendo esto una forma defensiva que permite sostener la ubicación más allá del goce que ella sintió amenazada. En cuanto a esto Nasio plantea: "Para mantener apartado el goce (...) el histérico inventa inconcientemente un fantasma protector (...). Utiliza este fantasma para crear una amenaza ficticia, la de perder su fuerza fálica, que le permite olvidar otra amenaza igualmente ficticia, pero más oscura: la de sucumbir al goce"3.

Es en este contexto que la relación con Faber se establece firmemente, pues él ha pasado a tomar la ubicación del hombre del deseo, posición que el marido de Anna deja al no desearla a ella en sí, sino que desearla en relación al goce con otro hombre, de manera que su marido ha pasado a ocupar la posición el hombre del goce, cuestión que a ella se le hace insoportable. Es así que el abogado pasa a formar parte de esta relación, se inaugura una tríada, pues él pasa a ocupar el lugar del hombre del deseo, impidiendo que ella se quede a solas con este hombre del goce, incitador de aquello que ella tanto rechaza; entra como un otro que permite ubicarla de nuevo en el lugar del deseo, lejos de la amenaza del goce, lo que a su vez permite perpetuar la insatisfacción histérica.

Anna se identifica con el deseo de Faber, es una identificación fálica que le permite seducir y controlar, se identifica con el objeto de deseo, ya que es ella quien desea ser deseada con la posibilidad de ser amada por este hombre que se ha convertido en el "hombre del deseo". Por otra parte, el marido está ubicado como el hombre del goce, como el Otro al que realmente está dirgido ese deseo de ser deseada, pero que ha quedado en un lugar al que Anna rechaza acceder, el lugar del goce, debido a que esa es una posición que la histérica evita. Por esto es que la demanda está dirigida a Faber, estableciéndose así la diferencia entre demanda y deseo, siendo la demanda la queja sobre la insatisfacción de su marido y sobre la petición de éste de que ella acceda a intimar con otros hombres; y el deseo aquello que ella inconcientemente quiere, que es retomar la posición femenina con su marido, aquel llugar donde él encarnaba tanto al hombre del goce como al hombre del deseo. En este sentido, Anna se ubica en el lugar del sujeto barrado, pues ella busca hacerse desear, porque tiene acceso al goce (siendo ésta la posibilidad concreta de tener relaciones sexuales con otros hombres con la aprobación del marido), pero necesita ubicarse en ese lugar de privación como forma de satisfacción histérica, lo que es posible a través de la relación con Faber. Como sostiene Mónica Torres: "En la histeria siempre se trata del deseo de deseo y ella sostiene el deseo insatisfecho para mantener vivo el deseo del Otro"4, lo cual hace a través de la seducción, de la hipererotización de la relación con el otro.

Probablemente sea debido a esta sexualización (o sensualización) de la relación entre ambos, que para Anna es especialmente reveladora la noticia de que Faber no es quien ella creía que era, describiendo, al momento de enfrentar al abogado un par de semanas después de la primera sesión, que siente "sucia y violada" por haber estado revelándole su intimidad a un "don nadie", en una clara devaluación histérica, reacción a pesar de la cual ella demuestra que desea mantener esa relación y, por lo tanto, desea seguir viendo a Faber. Por otro lado, el abogado se ve situado en una posición deseante frente a la promesa ilusoria de satisfacción sexual con Anna, signos sexuales creados por la histérica que rara vez se concretan en el acto, pero que, en este caso, movilizan el deseo del abogado por escucharla y mantener así las visitas semanales de la paciente, cumpliéndose una relación que llena una promesa sexual para él y que permite la satisfacción de la insatisfacción para ella.

Por el lado de Anna, ella encuentra en Faber una forma de mantener la queja, la insatisfacción que se vió amenazada por la petición del marido, es así como sostiene la insatisfacción (y por tanto el deseo) del abogado de no poder acceder a ella más alla de lo que ella le permite. De esta manera queda de forma explícita el poder de la seducción histérica del otro como forma de controlar y provocar el deseo, lo que se muestra en este caso en la incitación a la escucha, algo que la paciente finalmente logra, cuando él transgrede toda norma y juega el papel de analista no siéndolo.

Si esto es así, entonces ¿qué es lo que mantiene esta relación?. Es tal vez la relación histérica con la insatisfacción lo que la mantiene. El incumplimiento de una norma ética no anula la escucha, por tanto no anula el deseo y el efecto de ser deseada, así como tampoco anula el deseo del abogado de escucharla, a pesar de todas las contraindicaciones técnicas y éticas de la situación. Esta particular circunstancia favorece una escenario donde la "no respuesta" del otro sostiene la queja (por tanto la privación) y distancia con el goce que el Otro puede proveer, siendo esta una característica estructural de la histeria. Es en esta distancia en la que Faber juega un papel esencial, puesto que es en su silencio, y a pesar de no ser aquel uien ella esperaba, donde se abre la posibilidad de una relación que se establece entre la histérica y aquel que pone límites a su satisfacción, la cual permite establecer una relación transferencial donde ella sitúa al abogado en un lugar que permite su insatisfacción. Se instaura un juego histérico del que Faber ha aceptado ser parte, un pacto que ha sido estipulado tácitamente y que le permite a Anna establecer una relación "terapéutica" con alguien que desde el inicio puede ser cuestionado, teniendo este abogado una impotencia que la atrae, ya que es ella quien lo ha puesto en el lugar del amo, situación que le cede el control a ella y le permite establecer una demanda que perpetúa la insatisfacción del deseo, lo cual la mantiene a salvo del deseo del Otro. Al respecto Mónica Torres plantea: "Como la histérica sabe que puede ser capturada por el deseo del Otro, trata de inventarse siempre un deseo insatisfecho que la deje un poco al reparo de ese deseo; quiere constituir otro que nos e corresponda totalmente a la satisfacción recíproca de la demanda, porque sabe del deseo y quiere impedir que su deseo sea completamente capturado por el Otro"5.

Si consideramos todo lo planteado en base a la relación que se establece entre los protagonistas de esta historia, ¿podemos pensarla como una relación terapéutica?. Es complejo de responder. Creo que en la medida que en la relación entre ambos se genera un espacio transferencial; es decir, se genera una relación que no sólo se juega en una dimensión o eje, sino que también figura como la reedición de situación que guardan relación con aspectos inconcientes, es que me permito pensar que es una relación terapéutica, pero no sin reparos. En este caso, Anna está reeditando en la relación con Faber un vínculo enfermo, donde aparece su necesidad de insatisfacción y los contenidos sexuales propios de la histeria. Se establece con él un lazo que permite esta posición de insatisfacción de la cual él es testigo y parte, pues los une el deseo de hablar, siendo para ella una promesa de un intercambio que va más allá de lo sexual. Al escuchar, el abogado se hace receptor de la demanda de la paciente, pero también de su deseo, es así que él, en su falta de experiencia analítica, toma sin saberlo, la posición de muerto, de quien escucha y no es más que un espejo para el otro, así Anna podría ver en él aquello que la aqueja: el deseo que añora y el goce que teme. Como expone Nasio: "Al escuchar a un paciente histérico, recordemos que sufre de no saber quien es, de no poder interrumpir ni siquiera por un instante el insostenible desfile de figuras que lo pueblan y bajo las cuales no puede evitar ofrecerse a los otros"6.

Por otro lado, considerando los reparos que se pueden hacer sobre clasificar esta relación como terapéutica, y, en suma, lo que me parece más relevante, es que la relación entre Faber y Anna está comprometida, pues es ella quien ha tomado el control de ésta, es ella quien lo ha invitado a un juego histérico donde se permite explícitamente que "jueguen al no saber", en el que él pasa a ocupar un lugar que está dado y delimitado por ella; es decir, pasa a ser sólo uno más con los cuales ha establecido una relación similar, lo que impide observar y entender la relación más allá del deseo de ambos. Ella ha puesto al abogado en una posición compleja, pues se encuentra atrapado en su deseo, lugar del cual él no puede salir y con el cual ella se relaciona para sentirse deseada y ocupar así el lugar que su marido le ha negado. Es por esto que me inclino a pensar que esta relación está fundada como un síntoma histérico, por lo que creo que más bien se ajusta a una relación transferencial que difícilmente puede llegar a ser una relación terapéutica. Es una relación de satisfacción histérica en la escucha y, por tanto, en el deseo de un desconocido.

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1 Freud, S., (1905). Tres ensayos de una teoría sexual, citado en Nasio, J.D., El dolor de la histeria, Paidos, Bs. As., 1998, pág. 47.
2 Nasio, J.D., El dolor de la histeria, Paidos, Bs. As., 1998, pág. 77.
3 Ibid, pág. 76.
4 Torres, M., Clinica de la neurosis, Instituto Clínico de Bs. As., 2005, pág. 49.
5 Ibid, pág. 48.
6 Nasio, J. D., El dolor de la histeria, Paidos, Bs. As., 1998, pág. 80.

3 comentarios:

ines dijo...

wow! me alegro de no haber visto la película, ahora la veré a la luz de este post
abrazos,
val

María de los angeles dijo...

como que me cuesta comprender (yaa la mina retardá xd) esque la histeria y lo femenino es bastante denso. bah, las mujeres somos complicadas. más aún una histérica.

p.d mi prima se llama monica torres LOL xd

igual me gustaría leer más sobre esto :B

Anónimo dijo...

Increibles tus escritos!!! Realmente me convocaste a su lectura de una manera fascinante. Gracias...