jueves, 12 de marzo de 2009

Día Uno (primera parte)

El sonido del despertador llegó a mi y me hizo abrir un ojo a medias mientras mi almohada, levemente mojada por un hilillo de saliva que me caía de la boca (y que se sentía más blanda y cómoda que nunca) me gritaba y me rogaba que volviera a cerrar ese ojo inquieto y siguiera durmiendo como si nada hubiese pasado. "Mierda, me tengo que levantar quiera o no" -pensé- al mismo tiempo que el despertador volvía a sonar diez minutos después de mi primer asomo de conciencia del día que recién empezaba.

Me duchaba entre sueños, todavía pensando en lo agradable que era mi almohada, las sábanas y todo cuanto compone mi cama. Mientras llenaba de shampoo mi cabeza pensaba que la cama, para aquellos que tienen sueño, es como el agua para aquellos que tienen sed. Seguía idealizando el dormir mientras me enjuagaba el pelo; los ojos cerrados me trasladaban mágicamente a aquel lugar que tanto anhelaba; "Tan cerca, pero tan lejos", me decía algo dormida una voz, la que no supe identificar como sueño, masoquismo o primer brote de esquizofrenia.

Algo más despierto me vestí, tomé lo primero que encontré, agarré mi mochila y partí. Hacía frío, no tanto, pero lo agradecí de todas maneras, porque nunca es buen augurio que haga calor a las ocho de la mañana. "Quiero que sea invierno" -me dije mientras daba los primeros pasos-, es que el frío matutino tiene la capacidad de despertarme y, extrañamente, energizarme; efecto absolutamente contrario tiene el calor, me ahoga y quita todo impulso, sobre todo en las mañanas.

Llegué a la Universidad diez minutos antes de la clase, aproveché de comprar algo para refrescar la sequía esofágica matinal, agua mineral, no me gusta tomar algo muy dulce a tan temprana hora. "¿En qué sala tengo clases?, pfff, voy a tener que ir a preguntar" (el "ir a preguntar" significa un viaje al séptimo piso); "en fin, no tengo ganas de seguir quejándome, voy". Cuando iba de camino me encuentro con la profesora con la que tenía clases:

- Hola Seba, ¿sabes en qué sala tenemos la clase?.
- Hola Marcela, mmm, no, no sé, ahora iba a preguntar.
- Ah que bueno, ¿me podrías llamar para avisarme donde es?.
- Sí, en cuanto sepa te aviso.
- Ya, por favor.

Cuando subía por el ascensor, el soundtrack de "The Hours" hizo su aparición en mi iPod. Me acordé de la Woolf. "El Señor Seba dijo que él mismo se encargaría de preguntar en qué sala era la clase" -pensé- , una sonrisa escapó y se asomó en mi cara. Me dieron ganas de ser como la Señora Dalloway, algo ida, algo loca, algo frustrada, pero compuesta, siempre compuesta. Ella sonríe, como yo, aunque su cabeza le grite que su vida no tiene sentido. "Sólo una cáscara, sólo una cáscara", me decía cuando se abrieron las puertas del ascensor en el séptimo piso. Mi fantasía literaria inglesa terminó cuando me saqué los audífonos para preguntar en qué sala era la clase... y volví a ser cáscara.

...

3 comentarios:

konst dijo...

JAJAJ EL SEÑOR SEBA AJAJJ (L) AMO A LA SEÑORA DALLOWAY

alfredo dijo...

enlazame no mas (que gay sono eso xD)

cuando cursaba mi ramo de tecnicas proyectivas, me hicieron ver esa peli. es good. y muy psicoanalitica xD

María de los angeles dijo...

seran en la pista atletica del estadio nacional D: