sábado, 14 de marzo de 2009

Día Uno (segunda parte)

...

Ya no era una mala copia de la Dalloway, volvía a estar en mi primer día parado frente a la nueva secretaria de Psicología. "¿Cómo mierda se llama?", me pregunté en silencio en un inútil intento por coordinar un amable saludo personalizado, el cual claramente no me resultó. Desde luego que "la nueva" sabía menos que yo, así que tuve que revisar un montón de papeles donde aparece la distribución de salas. Ciento catorce -"uh?... ¿existe una sala 114?"- los ojos se me iban hacia un lado al mismo tiempo que hacía una mueca que expresaba mi desorientación mientras repasaba las salas que conocía, dentro de las cuales no figuraba ninguna con el número 114.

La famosa sala era algo similar a una mínima sala de reuniones (estilo caja de fósforos), claro que cabemos los que somos, nada más que seis pelagatos. Lamentablemente la Pau no figuraba dentro de esa lista, había quedado en otra sección, cuestión que la incomodó bastante porque con la profe de la 114 es con quien hemos tenido las supervisiones; la conocemos, le tenemos confianza y su forma de hacer clínica es la que a nosotros nos agrada como futuros psicólogos. "En fin, habrá que aguantar a un par de saco de pelotas que están conmigo", me consolaba mientras me sentaba incómodamente frente a ese dúo dinámico. La indiferencia que aparentamos nos ayudó a seguir sin mayores inconvenientes.

Después de clases el punto de reunión sería la casa de la Mary. Hace mucho tiempo que no nos juntábamos todos y no hacíamos esos almuerzos bien conversados. Llegué allá y ya había llegado la Ale (cuya inasistencia a clases fue causada por el insomnio), conversaba airadamente con la Pau tratando de desahogar el mal rato matutino provocado por tener que hacer ese ramo con otro profe, así que me uní a la conversación, las puteadas y todo cuanto necesitábamos sacar de la cabeza.

Mientras nos tomábamos el café post-almuerzo, se nos ocurrió que teníamos que tomar algo para celebrar el inicio del año universitario. Lo elegido fue vino blanco, algo relajado para seguir conversando sobre lo divino y lo mundano. Un par de horas después, con el brebaje ya en las manos, hablábamos relajadamente mientras la noche nos cobijaba en su placentera oscuridad. Decidimos dejar las luces apagadas y encender una vela, así crearíamos un ambiente new age/new wave/alternativo/bohemio-a-lo-Montmartre para embriagarnos y relajar aún más la lengua.

Cuando el vino ya nos había relajado, la conversación se transformó debido a una llamada, cuestión que desató los grados más inimaginables de histeria por parte de las niñas, conversando sobre las más extrañas tácticas de conquista y seducción, tema que había llegado a ser incomprensible para mi a pesar de mi desarrollado lado femenino. Es que al parecer las mujeres se complican exageradamente al momento de entrar en contacto con el sexo opuesto; intentan tener el control, pero al mismo tiempo mostrarse despreocupadas; intentan seducir, pero que no se note; tratan de mostrar interés, pero no demasiado; quieren acostarse con el sujeto en cuestión, pero que no se reduzca todo sólo a eso; etc, etc, etc. Los maricones somos más directos -por lo menos los que yo conozco- la cosa es o no es, y si bien hay tácticas de por medio (como todo en la vida), nada comparado con lo que las féminas hacen, porque llega un punto en el que ni ellas entienden lo que quieren.

Sin darnos cuenta ya nos habían dado las 00:30, tarde considerando que algunos de nosotros tenían cosas que hacer al otro día y que a cada minuto que pasaba estábamos más ebrios y más confundidos por la conversación sobre las técnicas de seducción femeninas, las que inevitablemente trajeron a mi memoria un episodio de "Friends", ese en el que Rachel quiere conquistar a un tipo del edificio y le comenta a Mónica sobre quien tiene el control de la pelota, que las pelotas van y vienen, pero que finalmente "there is no ball". No pude guardarme el comentario para hacerles notar lo confuso que era todo (insisto, ya ni ellas se entendían), cosa que sacó unas carcajadas y logró cambiar el tema... por lo menos unos minutos.

Confundido, cansado y ebrio me fui a mi casa, no teniendo claro if there is or isn't ball at all. Las mujeres son extrañas.

Los primeros 30 segundos son un moderado ejemplo del tipo de conversación de la que tuve que ser testigo.

No hay comentarios: