lunes, 30 de marzo de 2009

Falla

Cuando la inspiración se va y lo cotidiano llena los días, ¿queda algo sobre lo cual escribir?. ¿Cuándo es que nos damos cuenta si tenemos la capacidad o no de hacer las cosas que queremos hacer y no necesariamente las que se esperan de nosotros?.

Estos días han sido curiosos, siento que mi musa inspiradora ha desaparecido (tal vez para no volver) y mis días pasan dando vueltas en torno a mis resistencias; a lo que debo, pero no quiero hacer y alrededor de todo aquello que me aproblema. No es que mis circunstancias sean especialmente difíciles, pero sí creo que estoy ad portas de un cambio radical, el que -a pesar de haberlo conversado y escrito en un par de ocasiones- no me deja. Es que no me deja la preocupación y el temor a lo que vendrá, pero que conlleva un deseo inconmensurable de independencia, de cambio y renovación.

A veces las circunstancias no son favorables, muchos dicen que es ese en el momento donde la creatividad se agudiza; yo pienso que más que agudizarse tiende que echar mano a todos (no siendo muchos) los recursos con los que se cuentan para poder salir de alguna forma del paso. No es una forma necesariamente nueva, es sólo un recurso que no acostumbramos a usar, y eso porque la capacidad que tenemos los seres humanos de innovar (con todas sus letras) es escasa, sobre todo si se considera la incompatibilidad propia del ser humano de resolver (nuevamente con todas sus letras) un problema; más bien se da eso de "desvestir a un santo para vestir otro". Eso porque, nos guste o no, la dinámica "problema - solución" más parece ser "problema grande - problema chico", ya que creo firmemente que nuestras capacidades radican más en aminorar la carga que en sacársela de encima. Ahí es cuando la sabiduría popular cobra sentido y el "al mal tiempo, buena cara" se instaura como la frase que moviliza y nos lleva a aceptar (al menos en parte) nuestra discapacidad de resolver "como la gente" los males que nos acosan.

Lo nuevo, decía antes, es relativo y, si lo consideramos un hecho, escaso, ya que en la medida que nos convertimos en individuos se van cristalizando nuestras formas de hacer frente, nos rigidizamos, nos volvemos meras repeticiones de tácticas que creemos útiles al momento de encarar aquello que nos aqueja; de ahí que las adicciones -de la clase que sean (alcohol, cigarros, drogas, comprar, etc)- sean la muestra de nuestra incapacidad intrínseca de hacernos cargo de nuestra falta, de esa incapacidad estructural de resolver a cabalidad "eso" que nos hace sentir incompletos, inútiles o fracasados (según sea el caso), en suma, muestran nuestras fallas.

En mayor o menor medida todos optamos por alguna forma de desahogo voluntaria y distinta a la falla, la mia es escribir, otros pintan, algunos esculpen, otros cantan, lo importante es que esa forma "distinta" (no nueva) de hacer frente es lo que algunos pueden llamar "ingenio" o "redescubrimiento", otros lo llamamos sublimación.

2 comentarios:

Kitty Valerie dijo...

yo también escribo, pero con o sin inspiración, es más un ejercicio que otra cosa

ya saqué la palabra de verificación, porque igual recibía comentarios no deseados, jejeje

obvio que cada caso es distinto, pero los psicólogos dan pautas de lo que es más sano hacer, supongo que lo sabes mejor que yo :P

abrazos,

val :)

Carlos Fernández del Ganso dijo...

Dice el poeta Miguel Menassa: "Cuando todo está destruido la única posibilidad es poética"
un saludo desde España