martes, 28 de abril de 2009

Dándole Importancia a Cosas que no la Tienen

Pareciera que últimamente sólo tengo tiempo para quejarme. Estoy poco tiempo en casa y cuando estoy lo que hago es dormir, hacer mierdas para la U o estar borracho, así que he dejado un poco de lado el blog. Tengo algunas cosas que me dan vueltas sobre las que me gustaría escribir, pero necesito tiempo, paciencia e inspiración, todas cosas que se alejan a paso rápido de mi alcance.
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Me pregunto por qué me agregan a Twitter puras putas, tipas NN que no conozco y que al parecer buscan fama, fortuna o promocionarse (porque claramente yo soy un trampolín hacia la fama, supongo que dudas sobre aquello no tenían... Mfff)... como putas que son no más. Un ejemplo aquí. "Será el destino", me digo, dándole una importancia que no se merecen.
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Tengo que ir a la U mañana, mi oasis se ha perdido, por lo menos por esta semana, aunque en el horizonte aparece el viernes como el gran salvavidas semanal, pero no por eso deja de molestar el viajecito especial que me tengo que mandar mañana por un capricho de M porque no puede aplazar sus viajes para ver a F, es que parece que simplemente no puede evitar el dejarse llevar por las más salvajes pasiones de la carne. De eso no hay duda.

A veces me preocupo por lo que escribo, tengo la fantasía maligna de que en algún momento, en algún lugar y en algún nivel existe la posibilidad de que las personas a las que me refiero puedan llegar acá y leer todas aquellas cosas que no me atrevo -ya sea por cobardía o por educación- a decirles a la cara. Probablemente la educación sea sólo un tipo de cobardía, una forma amable de escudarse, de evadir, de mamarse sin chistar aquello que tanto nos molesta, porque está claro que para el individuo promedio le es más cómodo apretar los dientes y aguantar lo que venga antes que decir en voz alta aquello que nos molesta. Creo que mi vida sería mucho menos estresante si tuviera los cojones para decir en el momento lo que me molesta, así sin más, sin anestecia. La vida se me haría una enorme cuesta arriba, pero quizás estaría más en paz conmigo mismo. Por otro lado, eso de la educación también puede tener otra lectura, esa de "me importa tan poco que ni siquiera me desgastaré respondiendo", aunque eso no es más que otro escudo, ese que nos ponemos para permitirnos pensar que somos mejor que ese que tenemos al frente, pero la cruda realidad es que es ese el que si quiere puede... y lo hace. Muy a nuestro pesar.
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Comentaba hace algún tiempo lo agradable que se me hace el tener clases con una escritora, con la suerte (si es que cabe llamarla así) que ella alabó -con lo que me permito denominar como entusiasmo-, un escrito que tuve el deber de entregarle. Ella me dijo que "sabía que yo escribía bien, porque algo le habían comentado", ante lo cual enmudecí y no me salió más que un "Gracias" entre tímido y avergonzado. Me sentí bien, validado, reforzado y considerado por alguien que sabe de lo que habla y de lo que escribe. Fue un gusto, de esos que no se nos permiten -o no nos permitimos- con mucha frecuencia.

A veces no me permito permitirme, ese es mi karma.

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