sábado, 23 de mayo de 2009

Caer

Sentía cómo el viento le revolvía el pelo, cerraba los ojos, no sólo por miedo, si no porque también la acompañaba una extraña sensación de placer, ese de dejarse ir a pesar de todo. Sentía que flotaba, sentía cómo la ropa ondeaba a medida que el suelo se le acercaba. Cada vez que abría los ojos el terror la invadía.

Saltó en la cama con el cabello pegado a la frente por el sudor. Respiró profundo y exhaló lentamente mientras la oscuridad de su cuarto la envolvía. "Otra vez", dijo en un susurro mientras se secaba la frente con la mano derecha. Clara, su gata, la miraba fíjamente, cuando ella la miró de vuelta se preguntó por primera vez por qué la había bautizado así... "Clara", tal vez porque sentía que eso era lo que le faltaba, claridad. Mientras volvía a acomodarse en su cama, Isabel cerró los ojos, trataba de revivir esos segundos de placer que había sentido en su sueño, quería sentir nuevamente el viento en el rostro, quería revivir esos segundos de libertad.

Otra vez había tenido ese sueño y no había nadie allí que la abrazara y le dijera que todo estaría bien. Nadie la escuchaba, ni siquiera ella se escuchaba por más que lo intentaba; sabía que había algo que no estaba bien, pero nunca pudo descubrir qué. Quizás era porque carecía del valor para enfrentarlo, porque prefería sumirse en su trabajo para olvidarse y alejarse de sí misma.

La rutina la consumía, su trabajo era su vida y prefería encerrarse días completos en su oficina, esa desde donde podía observar la ciudad desde las alturas mientras fumaba el único cigarrillo diario que se permitía cuando todos los demás se habían ido.

El despertador sonó, Isabel abrió lentamente los ojos mientras el peso de su insignificante vida le caía sobre los hombros y le decía que se quedara ahí, tendida, refugiada en los sueños donde se permitía no ser. "No ser", dijo mientras volvía a cerrar los ojos pensando en lo agradable que sería poder dejar de ser y de estar.

Dejó que el agua de la ducha cayera sobre su cara, tenía la esperanza de que aquel líquido pudiera también limpiarle el alma. Se peinó con la mirada fija en el espejo y de pronto se dió cuenta que lloraba. No sentía nada, sus ojos hablaban de algo que ella no podía escuchar, que no podía entender y que simplemente no le producía sensación alguna. Se sentía dormida por dentro, como si de pronto algo la hubiese puesto en pausa. "Estoy vacía", se repetía mientras terminaba de vestirse.

De alguna forma que Isabel no entendió, había logrado sobrevivir a su día. Como siempre, fumaba mientras que desde la nimiedad de su vida observaba la ciudad y construía formas con el humo que salía de su boca. Apreciaba la delicadeza de aquellas figuras mientras pensaba lo oportunas que eran cuando desaparecían y se confundían con el viento. "Quiero ser humo y perderme", pensaba mientras cerraba los ojos e imaginaba cómo sería.

Con los ojos aún cerrados sintió el placer que le provocaba el viento en la cara, ese viento con el que tantas veces soñó, aquel que sentía mientras caía. Se le revolvía el cabello, igual que en su sueño... que placer, que tranquilidad sentía. Abrió los ojos y vió el suelo acercarse, pero esta vez no sintió miedo, seguía segura de que se confundiría con el viento, tal como sucede con el humo de los cigarrillos. Que alegría sintió al pensar que ahora podría disfrutar su sueño cada noche, ahora lo controlaba, ahora disfrutaría de cada segundo antes de despertar. Isabel caía y por primera vez lo disfrutaba.

Justo antes de caer, un grito la sacó de sus pensamientos, caía, ¿caía?... nunca nadie había gritado en su sueño... Cuando Isabel llegó al suelo no volvió a despertar.

2 comentarios:

Kitty Valerie dijo...

wow! amo tu forma de escribir
sólo gracias, muchas gracias

Mary dijo...

Que fuerte! pero buenísimo. Me imagino a una paciente xD