martes, 12 de mayo de 2009

Teoría y Praxis

Trataré de profundizar un poco más en el regalo que recibí, el concepto de "irreverencia" y sus efectos en la práctica.

La "irreverencia" como idea, surge de aquellos que piensan que la "academia" es una forma de producción en masa, una constante producción de sujetos que no hacen más que reproducir lo que se les enseña, como si el ejercicio de la clínica fuese una repetición de fórmulas probadas. El concepto de irreverencia no hace necesariamente referencia a una flexibilidad teórica particular, más bien se remite a la posibilidad de ir más allá de los límites que impone la teoría. Para muchos el marco teórico suele ser un refugio que entrega las herramientas necesarias para abordar al paciente y su padecer, es decir, suele ocurrir que algunos terapeutas, al ejercer la clínica, se lanzan a la infructuosa tarea de acomodar al paciente a la teoría, muchas veces utilizando dispositivos terapéuticos que no surtirán ningún efecto. En este sentido, la irreverencia ofrece la posibilidad de romper con las ataduras técnicas que impone la teoría, mostrando la posibilidad de ir más allá de sus costuras y entregarla al paciente, es decir, ver cómo es que la teoría se aplica al paciente y no éste a aquella.

La irreverencia surge como posibilidad de encontrar aquellos elementos terapéuticos que son únicos en cada caso, abriendo el campo para explorar y aplicar técnicas que no necesariamente se circunscriben a las "leyes" y axiomas de la teoría dentro de la cual funcionamos como psicólogos clínicos. Esto no quiere decir que se abogue por el eclecticismo teórico, más bien se trata de explorar, dentro de la epistemología a la que suscribimos, herramientas novedosas que, probablemente, hubiésemos rechazado en una primera instancia. Es por esto que una buena forma de describir esta irreverencia es decir que "es la posibilidad de estirar las costuras de la teoría en la que nos inscribimos", jugando al filo de ésta como posibilidad de encontrar elementos clínicos que abran el campo a una praxis única. A su vez, esto permite el encuentro de una identidad clínica propia, particular y única, una identidad creada, no encontrada, un sello que nos identifique como profesionales de la salud mental y que hace posible el alejarnos de los modelos básicos para así no ser una copia de lo ya visto una y otra vez.

Este concepto me fue particularmente interesante porque la teoría a la que yo adhiero (el psicoanálisis lacaniano), además de ser una teoría rica en conceptos, es también de una riqueza excepcional en cuanto a las formas de llevarla a la práctica. Se abren posibilidades y rupturas en la praxis que muchas otras visiones no permiten, es por esto que me referí brevemente al setting y la interpretación en el post anterior. Para el psicoanálisis lacaniano el setting es una herramienta clínica, no es una forma de "mapear" o delimitar el contexto en el cual se lleva a cabo la terapia, ES, en sí mismo, un dispositivo que, al ser maleable, se puede utilizar terapéuticamente*. Por esta conceptualización del setting es que se concibe al psicoanálisis lacaniano dentro de una ética, no una técnica, es una ética del deseo, cuestión que en este momento no detallaré. Dado esto, es que las posibilidades de abrirse a nuevas técnicas parece válido, digo "parece", porque algunas posturas más radicales se circunscriben fuertemente a lo que ellos han pasado considerar "reglas inviolables", cuestión con la que yo no estoy de acuerdo.

Mi posición personal es que por sobre cualquier técnica o teoría lo que debe primar es el bienestar del paciente, por lo que me parece ético y profesional saber reconocer cuándo es necesario recurrir a los bordes de la teoría y la técnica en búsqueda de formas novedas de abordar ese padecer que es único o, en última instancia, derivar. Es en esta posibilidad donde radica la validez de la irreverencia no sólo como concepto, sino que también como praxis.

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*Aclaro que los términos "terapéutico", "clínico", etc, los utilizo de una forma flexible, pues, como algunos sabrán, no se adscriben completamente al ejercicio del análisis.

1 comentario:

Kitty Valerie dijo...

me parece interesantísima tu postura

también creo que todo es válido por el bien del paciente, pero mi opinión no vale nada, porque no entiendo nada, pero la doy igual :P

abrazos,
val