lunes, 29 de junio de 2009

(L)

Ooh
It's so good, it's so good
It's so good, it's so good
It's so good
Ooh
Heaven knows, heaven knows
Heaven knows, heaven knows
Heaven knows
Ooh
I feel love, I feel love
I feel love, I feel love
I feel love

I feel love, I feel love, I feel love

Ooh
Fallin free, fallin free
Fallin free, fallin free
Fallin free
Ooh
You and me, you and me
You and me, you and me
You and me
Ooh
I feel love, I feel love
I feel love, I feel love
I feel love

I feel love, I feel love, I feel love

Ooh
I'll get you, I'll get you
I'll get you, I'll get you
I'll get you
Ooh
What you do, what you do
What you do, what you do
What you do
Ooh
I feel love, I feel love
I feel love, I feel love
I feel love

I feel love, I feel love, I feel love

viernes, 26 de junio de 2009

Suena a Despedida

Ando medio alejado del blog todavía. Es una sensación que no logro superar del todo, una extrañeza que se funde con el deseo -a veces imparable- de escribir. Estuve mucho tiempo intentado hacerme de momentos para escribir y creo que ante lo que me pareció un infructuoso intento, simplemente renuncié. Además de lo anterior, se funden con eso otras cosas, circunstancias varias que me han tenido con la cabeza (y el corazón) en otra parte.

Alf hablaba sobre sentirse bien, satisfecho, no diré "feliz" porque aún parece una palabra muy grande. Que agradable es esa sensación, el poder sacar en limpio cosas, grandes cosas. Creo que en parte es por eso que me he alejado, creo que me es mucho más fácil compartir las penurias que las alegrías, porque al parecer las tristezas compartidas son más livianas... y al parecer las alegrías también, y quiero sentir el peso de esta alegría, de esta tranquilidad, esa que viene después de la lucha, o de la tormenta como dirían algunos. Estoy tranquilo y me parece que muy cercano a un estado de felicidad. Hay grandes cosas que se aproximan y, a diferencia de lo que me pasaba hace unos meses, siento que es un paso necesario y gratificante; ya no le temo al cambio tanto como lo hacía, pues lo veía como una obligación más que como una necesidad y todos sabemos que las cosas que se sienten impuestas difícilmente se pueden llegar a sentir como propias. No tengo claro el por qué de este cambio de perspectiva, quizás sea por lo inminente de aquella situación, pero más que por eso, me parece que el haber logrado sobrevivir -y muy satisfactoriamente, dicho sea de paso- al último semestre universitario, con todas las ansiedades que me producía, provoca cierta sensación de logro en mi que hace tiempo no sentía.

El cerrar ciclos y terminar etapas es algo que hace mucho tiempo no me pasaba, ha sido un largo ciclo universitario, de mucho trabajo, aprendizaje y autodescubrimiento, cuestión que ha hecho a este proceso un verdadero viaje, con sus altos y bajos, grandes dificultades, risas, encuentros y desencuentros. Creo que cierro esta tal vez no tan pequeña parte de mi vida con un balance muy positivo, con alegría y, sobre todo, con muchas ganas de encarar lo que viene y comenzar el último periodo de este proceso.

Durante todos estos años he conocido a personas maravillosas, no sólo hablo de mi formación profesional, si no que también de lo que esa formación y sus aventuras y desventuras ha provocado, por ejemplo el haber abierto este espacio de desahogo, el que me ha permitido conocer a varias personas, interesantes todas, las que de una u otra forma me han mostrado distintas facetas sobre lo que significa vivir; la vida en sus distintas etapas y colores; distintas perspectivas profesionales, emocionales, intelectuales y espirituales.

Al leerme siento que esto podría considerarse una despedida, pero no es así, es sólo mi manifiesto, mi forma de agradecer y de expresar la satisfacción que en este momento siento en relación a lo que he hecho, que a pesar... no, no a pesar, gracias a los errores y desvíos que he cometido, me he podido expresar, escribir y aprender... y mucho.

Estoy tranquilo, feliz, satisfecho y con grandes expectativas sobre lo que me depara el futuro cercano, sobre las piedras que tendré que esquivar y con las cuales el tropiezo será inevitable.

Atento y agradecido espero.

jueves, 25 de junio de 2009

Devotos sin Rumbo

Murió Mr. Jackson, ¿qué pasará con sus devotos?.

Hay que reconocer que lo que único que le quedaba a Jackson era su legado, porque desde hace por lo menos 10 años que no hacía noticia por nada bueno, excepto por el voladero de luces que fue el anuncio de esos 50 conciertos.

Es triste de todas maneras, aunque no puedo dejar de decir que me parecía más triste ver su decadente condición física, su excéntrico estilo de vida y su particular gusto por los menores de edad.

¿Alguno de mis lectores llora su pérdida?... ¿llorarán igual cuando este blog deje de existir?.

viernes, 19 de junio de 2009

Divino Designio

Y anoche escribía, pero no escribía un cuento, no escribía un ensayo, no escribía sobre mi vida, de hecho, escribía sobre la vida de otro, sobre cómo entiendo esa vida, cómo, desde un aparato explicativo, pueden ser entendidas las diferentes manifestaciones de la cotidianeaidad de un sujeto. Construía el caso de un paciente, el que se suponía debía entregar hoy y, como mis características procrastinadoras están siempre activadas, empecé recién anoche, específicamente a las 23:00.

Curioso es, que a pesar de que sólo 11 horas separaban el momento de inicio de la escritura del momento de entrega del escrito, me sentía tranquilo. Y es que al parecer confío demasiado en mis quehaceres previos. Me explico. Soy de los que acostumbra hacer todo a última hora; estudiar, hacer trabajos, revisar pruebas, construir pruebas, etc., todo siempre a última hora. Siempre he funcionado así, siempre he hecho y deshecho a último momento, es que no puedo evitar el encanto del trabajo a presión, siento que funciono mejor en la medida que sé estoy en contra del tiempo, cuestión que, gracias a Divinos designios, siempre ha tenido un resultado positivo.

El prefacio en cuestión, está puesto sólo para denunciar mi falta de sueño de anoche. Estuve hasta las 5:30 am construyendo el caso. Me permito pensar que quedó breve, pero satisfactorio, 10 páginas y hecho en base a la pauta de la Sociedad Chilena de Psicología Clínica, cuestión no tan fácil, ya que la construcción de caso desde la perspectiva psicoanalítica poco tiene que ver con esa pauta, pero bueno, al parecer hay que venderse al sistema.

Luego de dos horas de sueño, es decir, alrededor de las 7:30, sonó el despertador. Abrí un ojo, no lo podía creer, sentía que no había dormido. No importa, me levantaría tranquilamente porque tenía supervisión y la entrega del caso a las 10:30. Entre el pan tostado, la palta y el café que decidí tomar en cama, siento un leve golpeteo en la ventana. De pronto, ese golpeteo aumentó... era oficial, la tormenta tropical se había desatado. "Ahhh, no", dije en voz alta con la boca medio llena. Cuento corto, decidí arbitrariamente no ir, simplemente enviaría el caso por mail y si mi decisión no gustaba, pues se la mamaban, no estaba dispuesto a salir a enfrentar a esta lluvia que cae de lado.

Con mis ojos ya cerrados, y en lo que yo creía era un vago intento de dormir, suena mi celular. La secretaria de la carrera me avisaba que la supervisión se había suspendido y que el caso se entregaba el lunes. "Designio Divino" pensaba mientras hablaba con la vocera de tan dichosa noticia. Dormir tranquilo, por fin unas horas de sueño tranquilo...

miércoles, 17 de junio de 2009

Cita

"(...) y en esa habitabilidad que he encontrado dentro de las palabras –en esa promiscuidad, en esa cercanía– he podido sopesar su blandura, su rigidez, su porosidad, su humedad, su viscosidad, su lado refractante, brilloso, su lado secante, en fin, el placer de esa instalación, y lo que yo vi luego de haberla finalizado, es que me había finalmente abocado a hacer relucir esa distinta materialidad".

Guadalupe Santa Cruz - Escritora

Sobre la Ética y la Técnica

Para comprender al psicoanálisis como un tipo particular de ejercer la clínica, se debe considerar la tensión existente entre la técnica y la ética psicoanalítica.

Freud, en un intento de transmitir su trabajo, plasma en escritos este nuevo quehacer clínico, el cual no se inscribía en los trabajos que hasta entonces se conocían. La intención era tener la posibilidad de traspasar esta nueva “técnica” o forma de trabajo, al mismo tiempo que se fundaba un método y una lógica particular, la cual permitiría que alguien más que él pudiera llevarla a cabo, es decir, se trataba de una “transmisión”. Esta transmisión puede ser entendida de dos formas, primero como un traspaso de conocimientos que son objetivables y mesurables, por lo tanto sistematizados en procedimientos específicos que harían que este conocimiento particular fuera un cuerpo teórico-técnico probado, como una suerte de manual, configurándose así los “Escritos Técnicos” pensados como un conjunto de indicaciones específicas; o bien, considerar la transmisión en relación a una ética, la “Ética del deseo”, es decir, que el espacio que configura y funda esta nueva forma de trabajo guarda estrecha relación con el lugar del analista en cuanto al deseo, por tanto subjetivo, entendiendo el deseo como el sostén de esta forma de ejercer la clínica, siendo un lugar que no es reductible a un conocimiento técnico.

Para la tendencia lacaniana, la transmisión guarda estrecha relación con la ética, puesto que lleva la operativización a un cuestionamiento, al terreno del deseo, a una toma de posición respecto a la clínica psicoanalítica como ejercicio. En este sentido, se pueden considerar las diversas concepciones de los dispositivos analíticos, por ejemplo el encuadre.

El encuadre, en el pensamiento lacaniano, cobra valor como palabra y discurso, como una producción ética que tiene efectos clínicos, implica, por tanto, una toma de posición que pone en juego el deseo, ya que se considera como un dispositivo que permite movilizar al paciente, razón por la cual no se puede afirmar que el análisis esté sostenido por éste como una delimitación particular de lo que se podría considerar un “espacio analítico”. En la tradición clásica, en cambio, el encuadre figura como un piso desde el cual se puede producir el espacio de una clínica psicoanalítica, el cual delimita e intenta operacionalizar lo analizable, razón por la que se podría considerar este enfoque del encuadre como un intento de neutralidad para/con el paciente, lo que demarcaría y pondría un límite arbitrario a lo que podría considerarse como “material analizable”.

En este contexto se puede considerar una diferencia entre la concepción de técnica y ética, es decir, entre el psicoanálisis clásico (o freudiano) y el psicoanálisis lacaniano, respectivamente. La técnica, asociada a una tendencia más bien clásica, se podría considerar como un acervo de conocimientos y herramientas particulares que constituyen una suerte de dogma, que establecen un quehacer particular y bien delimitado del psicoanálisis como práctica clínica y que permitirían un ejercicio estandarizado de esta práctica. En cambio, la concepción lacaniana considera la ética como eje central del psicoanálisis como ejercicio, es decir, un modo particular de comprender o abarcar el ejercicio analítico desde la perspectiva del acto, del deseo, el cual moviliza una toma de posición particular. De esta manera se puede comprender que la ética guarda relación con una problemática del deseo, y la técnica con un intento por operativizar u objetivar la praxis del análisis.

Si consideramos esta diferencia entre la ética y la técnica, no se puede dejar de mencionar la tensión subyacente, ya que se debe considerar que ningún análisis, por más lacaniano que éste sea, puede prescindir completamente de la técnica. Esta tensión puede ser entendida como algo fundacional para el psicoanálisis, debido a que más allá de considerar al psicoanálisis como un saber transmisible, para su ejercicio se debe pasar por la experiencia del deseo y del inconciente, es decir, haber experimentado esta ética del deseo en análisis, ya que nadie puede tomar un lugar analítico sin la experiencia del inconciente. Esto es lo que Freud llamaba “Análisis Didáctico”.

Dentro de esta tensión entre ética y técnica y las diferentes herramientas que se han descrito para abordar el material inconciente, existe sólo una regla fundamental de la cual ningún análisis puede prescindir: la asociación libre. Para Freud esta regla está dada por la petición al paciente de decir todo cuanto se le ocurra, lo cual permitiría la aparición del material inconciente. Para Lacan, la asociación libre es aquello que permite fundar un espacio analítico, ya que el sujeto al verse enfrentado a esta petición, se ve enfrentado a un imposible, funciona como una ley simbólica ante la cual no puede escapar, pero que tampoco puede cumplir. Esta ley tendría la misma estructura que la constitución del sujeto, una estructura paradojal, razón por la cual abre un espacio particular, siendo éste un espacio analítico, el cual produce un sujeto, al mismo tiempo que abre la posibilidad a ese sujeto de producir, es decir, da cuenta del sujeto en tanto sujeto en falta. En este sentido, este enunciado permite la producción de material inconciente, la movilización del deseo, lo que da cuenta de su estructura, mostrando cómo este sujeto se enfrenta ante la imposibilidad, ante la falta y, por tanto, ante el deseo.

Es así que podríamos afirmar que desde Lacan no existe una diferencia o distinción entre la teoría y la práctica analítica, ya que es esta última la que actualiza la teoría, la refunda en y desde el ejercicio clínico, puesto que la praxis tiene como elemento fundamental el deseo, siendo esto un elemento esencial para comprender la tensión y distinción entre la ética y la técnica psicoanalítica y cómo la toma de posición frente al deseo permite que ambas pueden ser entendidas como un todo.

A través de lo anteriormente mencionado, se puede comprender la importancia del rol del deseo en el psicoanálisis. En relación a esto podemos tomar como ejemplo a Antígona. El deseo es aquello que moviliza al sujeto, guarda relación con una ética, puesto que es una toma de posición frente a la ley. Lacan plantea que el deseo se ve puesto en oposición a la ley, es decir, toma el principio de placer (que moviliza) y el principio de realidad (que limita), estando puesto este último en cuando a la ley moral, dos opuestos que movilizan y que son parte de la inserción en la cultura, estando de por medio una prohibición. El sujeto buscara “su bien”, el cual está estrechamente relacionado con el placer, es decir, intentará cumplir su deseo, ante lo cual se encontrará con las limitantes puestas por el principio de realidad, por la ley, siendo esto algo que posibilita al sujeto en tanto tal, puesto que, al existir una prohibición, el sujeto puede constituirse como sujeto en falta, como un sujeto barrado. Será esta falta la que movilizará el deseo del sujeto, ya que siempre intentará encontrar aquello que llene su falta y, por tanto, cumpla su deseo, cuestión que es un imposible, porque si el sujeto lograra llenar su falta, si lograra estar completo, dejaría de existir.

Si tomamos como ejemplo a Antígona, podemos pensar que su experiencia, como búsqueda de "su bien", cobra particular valor, ya que se pueden apreciar con claridad los elementos previamente expuestos.

El deseo de Antígona era el poder enterrar a su hermano, cuestión que por razones sociales no podía llevar a cabo, ya que esto le valdría la muerte. En este sentido, se puede apreciar cómo la ley moral (o principio de realidad) se opone al deseo (principio de placer), se establece entonces un conflicto que debe ser entendido como un “conflicto ético”. Ante la prohibición, Antígona aparentemente cede, es decir, prefiere no ceder ante su deseo, pero luego decide que debe, por un deber ético, darle entierro a su hermano. Este deber ético, subjetivo y particular de este personaje, nos hace comprender cómo el bien (entendido como “su bien”, es decir, como único y singular para cada sujeto) está directamente relacionado con el deseo. Entiéndase así que la ética del deseo, es una ética particular, una toma de posición por parte del sujeto, la cual estará en oposición a la ética moral, o ley social, la cual se opondrá a la realización del deseo, al encuentro de este “bien” de cada sujeto. En este punto se puede plantear la oposición entre la verdad y la mentira, pudiendo entender la “verdad” como la “fidelidad al deseo”, el apego que cada sujeto tiene a su deseo, a su ética; comprendiendo entonces la “mentira” como el ceder del deseo ante la ley moral. En este contexto, Antígona opta por “su bien”, decide enterrar a su hermano, sabiendo que esto le costará la muerte, es decir, a sabiendas de que el cumplimiento de su deseo será equivalente a dejar de existir, mostrándose dispuesta a pagar el precio de su deseo. Como dice Lacan: “(...) Antígona lleva hasta el límite la realización de lo que se puede llamar el deseo puro, el puro y simple deseo de muerte como tal. Ella encarna ese deseo” .

mmm...

...Parece que me atrae más la idea que la situación en sí, es que en la fantasía siempre las cosas son mejores.

Vamos a ver qué pasa.

sábado, 13 de junio de 2009

Tiritar

No soy bueno para dejar ir ciertas cosas, no me gusta renunciar a aquello que quiero y nunca he sido (y creo que ya no seré) de los que cede fácilmente lo que quiero... y no es necesariamente por capricho, si no porque siempre he sentido que la lucha más justa es aquella que se da por lo que realmente sentimos que merecemos o que queremos intensamente. Desde luego que hay momentos en que aquella lucha se vuelve un intento fallido de conseguir algo que la vida se encarga una y otra vez de negar.

Una de las cosas importantes de estas "estoicas luchas" es que más temprano que tarde... no, más tarde que temprano, terminas entendiendo que a veces renunciar no es signo de debilidad, al contrario, demuestra la fortaleza que requiere el aceptar la derrota, elevar bandera blanca y emprender la retirada.

A veces la más pequeña palabra tiene el poder de realizar aquello que conversaciones enteras no han logrado. Es quizás por el poder que ciertas palabras tienen sobre nosotros, esas que te hacen temblar, como ahora lo hago, cuando te ves frente a una conversación que pretendes sea la final.

Debo reconocer que en este asunto el que está nadando contra la corriente soy yo.

Tirito... prefiero pensar que es por frío.

jueves, 11 de junio de 2009

Me tomo un té y escucho música mientras intento parar un momento y observar.

Nunca me ha sido fácil parar la cabeza, y es que pareciera que siempre estoy pensando en lo que debería hacer y que, por cuestiones estructurales, termino postergando. Siento que últimamente el tiempo pasa más rápido, este primer y largo ciclo está llegando a su fin y no puedo evitar la ansidedad. Por fin llega uno de esos momentos tan esperados, esos que crees que nunca llegaran; por fin se termina una parte importante de esta parte del ciclo vital, claro que no sin contratiempos y apremios, pero incluso aquello tiene un sabor diferente cuando se tiene la claridad de ver el cuadro más amplio.

Se acercan cierres y términos, así como también nuevos comienzos y responsabilidades, las que espero recibir con fuerzar renovadas y un ánimo dispuesto a cualquier cosa que pueda venir, pero ¿serán todos los cambios positivos? Espero que sí, porque es lo que me moviliza, a pesar de todas las resistencias que puedo tener a cambiar de etapa, a "crecer" y comenzar de nuevo. Como la taza de té que está llena y se ve oscura, pero en la medida que se va agotando de a poco, se empieza a ver el fondo y pareciera todo un poco más claro que al principio.

The Last Day that I'm using Words

Today is the last day that I'm using words
They've gone out, lost their meaning
Don't function anymore


Let's, let's, let's get unconscious honey
Let's get unconscious honey

Today is the last day that I'm using words
They've gone out, lost their meaning
Don't function anymore

Traveling, leaving logic and reason
Traveling, to the arms of unconsciousness

Traveling, leaving logic and reason
Traveling, to the arms of unconsciousness

Chorus:

Let's get unconscious honey
Let's get unconscious
Let's get unconscious honey
Let's get unconscious

Words are useless, especically sentences
They don't stand for anything
How could they explain how I feel


Traveling, traveling, I'm traveling
Traveling, traveling, leaving logic and reason
Traveling, traveling, I'm gonna relax
Traveling, traveling, in the arms of unconsciousness

(chorus)

And inside we're all still wet
Longing and yearning
How can I explain how I feel?

(chorus)

Traveling, traveling (repeat twice)
Traveling, traveling, in the arms of unconsciousness

And all that you've ever learned
Try to forget
I'll never explain again

martes, 9 de junio de 2009

Un Solitario y Lúcido Espectador

Basado en "Funes el Memorioso" de Jorge Luis Borges.

Ireneo Funes, hombre de 19 años, poseía la virtud de una memoria infalible. Como ningún hombre, podía aprehender todos los detalles de las cosas, su memoria absorbía todas las particularidades de lo que veía y vivía. Lo que se podría considerar como una admirable capacidad se convirtió en un dilema, porque cada detalle de cada cosa que veía lo asombraba y se sentía pasmado ante la inexactitud que tenían las palabras para describir aquellos detalles. No lograba entender cómo tantas diferencias podían ser agrupadas en generalidades que encarecían aquello que querían representar. Consideraba al lenguaje como un instrumento ineficaz, desprovisto de la exactitud que él ansiaba y requería, cuestión que lo llevó a intentar crear un vocabulario infinito, un catálogo mental de todas las imágenes de sus recuerdos, inventando palabras y símbolos nuevos que tuvieran la riqueza necesaria para explicar lo que él era capaz de captar. Y es que Funes no se equivocaba, el lenguaje no es suficiente para representar a cabalidad los elementos que el mundo nos ofrece, y una de las razones fundamentales de esta insuficiencia lingüística es que simplemente las palabras no son aquello que vemos.

El lenguaje, como forma de representar lo que nos rodea, abre el campo de las cosas, las transforma en significantes, constructos que nos permiten generalizarlas y compartirlas, tener una interpretación del mundo, un consenso para poder insertarnos en él. Desde esta perspectiva, podemos pensar que el consenso sobre las cosas es el consenso sobre el lenguaje, y, en teoría, compartir una lengua nos permitiría compartir la misma interpretación sobre el mundo. Pero no es así. La estructura del lenguaje es en sí misma ambigua, pues el discurso se estructura como una cadena de significantes, es decir, una cadena de palabras, donde cada una intenta precisar a la anterior, haciendo cada vez más difusa la idea (o imagen) original que se quiso expresar. Como dice Freud: “Las palabras son el punto nodal de numerosas ideas, y por ello puede considerarse que están predestinadas a la ambigüedad”.

Funes se percató de un problema fundamental, se dio cuenta de que lo real está fuera del alcance de lo simbólico, que la riqueza de lo que observamos queda necesariamente fuera del alcance de nuestro lenguaje. No hay significantes exactos y completos, es decir, no hay un significado a priori en las cosas, éstos sólo se pueden encontrar en la cadena de palabras que intenta precariamente representar lo que la mirada, en este caso la de Funes, logra percibir. Tal es el efecto del registro simbólico sobre la mirada. Por ejemplo, Zizek explica: “La emergencia del lenguaje abre un agujero en la realidad, y este agujero cambia el eje de nuestra mirada”. Podemos entender entonces cómo los recuerdos de Ireneo sólo podían ser de él, que el acto de compartirlos sólo podría ser un intento, pues ir más allá era imposible y, como bien plantea el narrador respecto a nuestro protagonista, él “era el solitario y lúcido espectador de un mundo multiforme, instantáneo y casi intolerablemente preciso”.

Si consideramos lo anterior, entonces, ¿qué es si no lo real lacaniano en lo que Funes se vio inmerso? Aquellos recuerdos eran minuciosos y el no poder explicarlos tal y como él los veía hacía que esos recuerdos parecieran vivos, como la pulsación de una sustancia presimbólica cuya vitalidad termina siendo abominable. Y es que el lenguaje nos permite evitar que la realidad, aquello ajeno que está fuera del consenso lingüístico, nos golpee. De esta forma podemos pensar al lenguaje como una frontera que separa un adentro de un afuera y que nos ubica en la cómoda incomodidad del discurso, aquel elemento que hace posible la comunicación, pero que al mismo tiempo nos impide una comprensión acabada de quienes nos rodean y lo que quieren expresar, pues, como dice Lacan, “el fundamento mismo del discurso interhumano es el malentendido".

miércoles, 3 de junio de 2009

Lejos II

He estado alejado desde hace algunas semanas, es que estoy en un proceso de cambio (interno y externo) que no me permite el tiempo necesario para dedicarme a otras cosas. Con todo lo que ha pasado he llegado incluso a sentir este espacio lejano, casi ajeno y esa es otra de las razones por las que no me he hecho presente con mayor frecuencia, o por lo menos con aquellas cosas que me gustaría decir. Pareciera que lo público ha sobrepasado lo privado y me ha llevado a pensar que todo cuanto diga es como abrir pequeñas grietas para que quienes leen se filtren de alguna forma en mi vida. No es que nunca haya considerado esta posibilidad, pero nunca la había sentido tan presente como ahora. ¿Será que he encontrado otros canales de sublimación? (como dirían algunos); quizás, porque a momentos ni siquiera siento necesario el desahogo por este medio, lo que hasta no hace tanto me parecía impensable.

Es compleja la relación entre lo que queremos decir, lo que realmente decimos con lo que quienes leen entienden... o creen entender, porque indudablemente mis palabras han sido terjiversadas por ojos ajenos, cuestión inevitable, pero que me parece peligrosa, sobre todo cuando se escribe desde la experiencia. El significado de nuestras palabras siempre es definido por otras personas (o por el Otro, si nos ponemos lacanianos), en este caso, por los lectores. El lector detenta un considerable poder, son ustedes los que determinan el significado de todo esto.

Ante el peligro innecesario es mejor retroceder.