sábado, 13 de junio de 2009

Tiritar

No soy bueno para dejar ir ciertas cosas, no me gusta renunciar a aquello que quiero y nunca he sido (y creo que ya no seré) de los que cede fácilmente lo que quiero... y no es necesariamente por capricho, si no porque siempre he sentido que la lucha más justa es aquella que se da por lo que realmente sentimos que merecemos o que queremos intensamente. Desde luego que hay momentos en que aquella lucha se vuelve un intento fallido de conseguir algo que la vida se encarga una y otra vez de negar.

Una de las cosas importantes de estas "estoicas luchas" es que más temprano que tarde... no, más tarde que temprano, terminas entendiendo que a veces renunciar no es signo de debilidad, al contrario, demuestra la fortaleza que requiere el aceptar la derrota, elevar bandera blanca y emprender la retirada.

A veces la más pequeña palabra tiene el poder de realizar aquello que conversaciones enteras no han logrado. Es quizás por el poder que ciertas palabras tienen sobre nosotros, esas que te hacen temblar, como ahora lo hago, cuando te ves frente a una conversación que pretendes sea la final.

Debo reconocer que en este asunto el que está nadando contra la corriente soy yo.

Tirito... prefiero pensar que es por frío.