domingo, 12 de julio de 2009

La Imagen se Convierte en Voz

Hay imágenes que evocan cosas, hay otras que satisfacen al observador simplemente por su valor estético, la mayoría de las veces una fotografía no logra aprehender el valor de aquello que captura. Pareciera que una fotografía fuera el intento de apresar aquello que queremos retener, de eso que queremos atesorar, y es que a veces el recuerdo es insuficiente; la memoria falla y su capacidad de re-construir las imágenes no siempre está a la altura de nuestras expectativas.

¿Cómo puede la memoria capturar los momentos? El recuerdo es una reedición de aquellos momentos que se han plasmado en nosotros, de lo vivido, lo visto y lo sufrido, es por esto que no podemos evitar el sesgo, es imposible eludir la transformación que aquellas percepciones sufren al evocarlas. Aquí radica el valor de la fotografía como elemento a través del que nos permitimos el recuerdo de una forma más fidedigna, atrapamos imágenes y momentos a través del lente de una cámara, una impresión, una estampa, una huella que permanece para nuestro deleite. ¿Pero es tan certera la fotografía?, ¿es infalible su memoria? Curioso es el poder pensar este “instrumento del recuerdo” como un infalible. Antiguamente se pensaba que las fotografías robaban el alma a quienes eran retratados, un artefacto de tal poder que capturaba no sólo la imagen, sino que también la esencia, ¿es la fotografía capaz de capturar lo efímero?

Intuyo que el valor de la fotografía no radica en el retrato en sí. Sospecho que su valor está dado por lo que el proceso involucra, por la capacidad que tienen de cobrar significado en un momento otro, esa capacidad de reeditarse en una segunda escena distinta a la primera, re-significarse constantemente y según quien la observe. Su valor radica en su carácter de signo.

Si esto es así, entonces ¿qué es lo que vemos en una fotografía?, ¿vemos el signo o el significado que le atribuimos? El fuego, por ejemplo, está cargado de muchos significados, como pasión, como destructor, como purificador, etc., pero ¿qué es el fuego?, ¿podemos capturarlo y observarlo?, ¿puede ser reducido a sus cualidades como elemento?

Su asombrosa capacidad hipnótica, esas que tantas veces nos ha tenido por largos minutos observando su irregular danza, queda detenida y retenida en la imagen, en esa fotografía que, si la observamos detalladamente, puede transmitir algo que sobrepasa el significado. Sus aristas, sus vértices y su irregularidad transmiten una textura, una fuerza que permite crear. Las llamas con sus amarillos, rojos y anaranjados colores comunican una fuerza que queda entre paréntesis, suspendida en el tiempo, sostenida sin palabras en esa noche que las envuelve; un tiempo detenido, una pausa necesaria para admirar su fortaleza y su esporádica vida, esa tan llena de vigor.

Varios troncos alimentan este fuego, conjuran su calor para aquellos que quieran y puedan sentirlo y llenarse con él. Esa madera cumple un noble propósito, el de dar vida a estas llamas, ¿son ellos los que realmente contienen el potencial de este fuego?

Cada brazo de esta llamarada habla de forma distinta sobre esta fogata, en cada uno de ellos hay palabras, hay un trozo de historia que dice algo sobre su existencia, es quizás este el poder de esta fotografía, el darle voz a la fugaz vida de este fuego, ¿qué dicen? Parecieran hablar sobre una vida breve, pero rica, sobre su momentánea existencia, donde estos brazos se levantan hacia la noche, ¿es esto una celebración de su corta presencia?

Es esta fotografía la que invita a la memoria sobre su corta vida, la que intenta detener el olvido y nos llama a escuchar esa voz, ese momento, leer ese tiempo entre paréntesis, el que a su vez nos invita a re-construir con estos pedazos de tiempo un momento, la historia de una vida que se envuelve en este fuego.

¿Esta escrita esta historia? A veces suponemos que los significados están presentes en las cosas, pero vislumbro que las palabras de esta vida están en la imagen, que las palabras que se dicen de ella están ya dichas por ella y que quien la vea sólo será el receptor y posterior emisor de tan potente mensaje, de tan vital historia. La imagen se convierte en palabra y su voz habla del tiempo, de su brevedad y su transformación, de un cambio que la imagen capturada no nos permite observar, pero que podemos entrever. Es de esta forma en la que se construye la historia de una fotografía, con la fuerza de la imagen, de ese momento efímero que fue capturado por el lente de una cámara. En esta ilustración hay palabras, su valor estético se encarna en significantes que intentan transmitir su valor, las que como un mapa guían a quien la observa en un relato, lo movilizan, lo invitan a transmitir y viajar por los senderos de esta memoria imaginaria, porque su realidad nunca será conocida, sólo podrá ser re-construida.

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