lunes, 17 de agosto de 2009

Aferrarse y Dejarse Ir

Me aferro a la ilusión, es lo que me mantiene andando, es lo que me da fuerza para enfrentar esos largos días; días como mañana, donde me lleno de problemas ajenos, los escucho, trato de ver más allá de lo que está, del velo del relato que busca ocultar ese algo que se nos escapa cuando los problemas nos envuelven en su niebla. ¿Cómo ver con claridad al otro si también tengo una niebla que me impide avanzar?. Creo que con el tiempo he logrado dejarme fuera, separarme del terapeuta que debo ser para poder brindar la ayuda esperada. No ha sido fácil, pero he tenido las herramientas necesarias para lograr hacerlo, así como también la ayuda, la escucha y el apoyo de amigos y colegas, quienes han tendido su mano amiga en algunos momentos en los que el rigor profesional ha tendido a flaquear.

Puede sonar complejo, incluso imposible, pero hay algo que se aprende con el rigor y, por sobre todo, con el amor que se le puede tener al ejercicio profesional, sea en el ámbito que sea. Es por eso que he aprendido a dejarme ir, a sólo estar cuando debo ser el profesional que se espera de mi, por eso esas ilusiones en las que busco sostén siempre quedan fuera de las cuatro paredes de la consulta. Quizás mañana sea un día complejo, pues debo dejarme ir durante todo el día, algo que, por razones de tiempo, no había ocurrido antes. Los pacientes llegarán y esperarán una escucha y una palabra que les brinde alguna luz, quizás una esperanza, aunque más que todo lo anterior, soy un convencido de que esa escucha "especial" es en sí misma una primera luz para ellos, como lo ha sido para mi cuando la he necesitado.

¿A qué se aferra el doliente?, ¿qué lo mueve a no dejar de lado su dolor?. Pensaba en la comodidad de estar triste, en todo el dolor que conlleva, pero cuan grandiosa puede resultar su quietud, la inmovilidad que a algunos se les permite durante el sufrir. La nada atrae, la búsqueda de la satisfacción y el goce que provoca el encontrar un modus vivendi melancólico es algo muy difícil de cambiar, es que es, en suma, una nueva forma de equilibrio, un lugar conocido donde el sufriente puede desplegar su dolor, puede no hacer e intentar no ser a través del desconsuelo. ¿No es eso lo que todos hemos querido en algún momento?; ¿es la Depresión sólo el paso al acto de lo que en mayor o menor medida todos queremos o hemos querido?. Tal vez estamos en un momento en el que no se nos permite dejar de funcionar y nuestra siempre sabia psiquis encuentra aquel resquicio, ¿será por eso que la Depresión ha sido catalogado como unos de los males del siglo?, ¿será sólo un gritar "Paren el mundo que me quiero bajar"?.

Pensaba en una paciente, en lo "confortable" que le resultaba ahogarse en lágrimas ante una situación particular, era aquel resquicio que le permitía no actuar, quedarse ahí como esperando una mágica solución o simplemente entregada a la desdicha que se le venía encima. Pensaba en otro paciente, cuya situación sentimental provocó una "Depresión" (comillas no casuales) la que le permitía seguir viviendo a costillas de sus padres, situación que se arrastraba por casi dos años. ¿Qué es lo que nos sostiene en estas situaciones aparentemente incómodas, pero en las que subyace tanta satisfacción?. Correr el velo y ayudarlos a dejar ir aquello a lo que tan fuertemente se aferran, eso es lo que tenemos que hacer.

Siempre habrá infiernos donde dormir... a veces hacen falta.

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