sábado, 8 de agosto de 2009

Fantasmas

Algunas cosas se terminan y puede ser para mejor. No se puede convivir con fantasmas, esas presencias que parecen nunca abandonar, que no nos conceden el beneficio de su ausencia. Los miedos se hacen presentes y es ese miedo el que alimenta a estos fantasmas, miedo a cambiar, miedo a deshacerse de los restos que quedan de nuestro pasado. Que fuerza cobra lo anterior, incluso a pesar del tiempo transcurrido. Pareciera que a veces ni el tiempo puede diluir algunas cosas, se resisten al olvido con una tenacidad que aterra... y el terror paraliza, no nos deja avanzar y es por eso que hay momentos en los que resulta necesario dar un paso a lado y dejar que aquellos que aún conviven con sus fantasmas puedan sanar. Son aquellas heridas abiertas las que encadenan y hacen que cada paso parezca una huida más que un avance... y no se puede hacer camino huyendo. Qué poder tiene esta atadura, redefine todo, lo convierte a su imagen y el presente parece sólo un reflejo de lo que no ha podido ser olvidado.

Ese es el fantasma que me rompió el corazón.