martes, 28 de septiembre de 2010

Patada en las Bolas

Es duro despertarse un día y darte cuenta que no eres ni la mitad de la persona que pensaste que serías en ese momento particular de tu vida. Es, literalmente, como una patada en las bolas.



Las necesidades son muchas, pero las posibilidades son pocas, así que los días se llenan de nada, parecen plácidas aguas muertas... es flotar, sólo flotar por esos días llenos de absolutamente nada. ¿Qué se puede hacer para revertir esta situación cuando, en estricto rigor, todas aquellas posibilidades de superación están en manos de otras personas?. Eso es depender y, por lo tanto, contribuye con tu sentimiento de ser una miserable nada que depende del resto, así como los bebés dependen de sus madres hasta para alimentarse... a eso lo podríamos llamar "El Círculo Vicioso de la Patada en las Bolas", porque tu inmunda situación actual está formada por un interminable desfile de situaciones de mierda, las que juntas hacen un todo que te aplasta a nivel de quedarte dando vueltas en tu miserable situación, como chancho que se revuelca en su propia mierda.



Hay días que despiertas más positivo, donde piensas que nada puede ir peor y que hoy será el día en el que todo cambiará, a esos los llamo los "Despertares Amigables". Desde luego, más temprano que tarde, la vida se encarga de convertir ese día en otro mojón más  del desfile escatológico en el que se ha convertido tu semana. Es ese pequeño instante, esa pequeña discusión, la idea que no llegó a puerto, el mail que no respondieron, ese pequeño tropiezo en tu camino que hace que todo lo que se veía con un poco más de luz, volviera a estar enterrado en las profundidades del charco que esa abultada nube negra sobre ti ha dejado a tus pies.



Intentas, desde luego, llenar tus días de quehaceres cotidianos, de libros, de música, de redes sociales llenas de tarados, que como tú, intentan pasar la mierda de sus días con un otro virtual, uno que sea oreja (u ojo), pero al que, en realidad, no le importa ni un carajo lo que pase contigo. Quizás acudes a ese lugar porque sabes que ahí existe el lugar y la distancia perfecta y cómoda para la queja, un lugar donde se leen entre pocos y sobran las amistades virtuales ficticias. Les tengo una noticias a aquellos que se juran amor eterno por twitter, va a durar lo que dure ese tweet en la TL. 



Los vicios sirven para aliviar la tensión que la patada en las bolas de tus días de mierda deja en tu entrepierna, pero en realidad sabes que todo siempre está ahí, así que no faltará el momento en el que aquel brebaje, ese porro o esa linea blanca, te lleve a hablar sobre tus miserias cotidianas y los dolores de cabeza que vives a diario, tratando al mismo tiempo de pensar "que la vida no es tan mala como piensas", "que es pasajero" o que en realidad "es todo una cuestión de actitud", como dice Fito. Les tengo una noticia a ustedes también, ESO ES PURA MIERDA. Sabes que la vida se te ha convertido en un costal de piedras que cuesta llevar, sabes que lo de "pasajero" puede ser 1 año o más y sabes que una "buena" actitud lo único que hace es enmascarar la actitud que late en ti cada mañana cuando abres los ojos por primera vez en el día, sabiendo que será otro largo día lleno de decepciones.



Las crisis de mediana edad se han adelantado a los 30's, y eso porque el imaginario dicta que llegando a los 30 tienes que ser un profesional exitoso, tener dinero, pareja estable, casa propia y un lindo perro y tú, nada más lejano a eso, estás recién titulado, endeudado, cesante, con tu relación de pareja en un hilo y con el quiltro lleno de garrapatas, ¿cómo no darle la bienvenida a la crisis de la mediana edad si te das cuenta que no eres ni la mitad de lo que querías ser?.



Es ahí cuando sabes que la vida per se, es una gran patada en las bolas.



jueves, 23 de septiembre de 2010

Cementerio

Escribo cosas que pocos leen, sobre todo cuando intento comunicar algo más allá del hastío cotidiano que todos vivimos. Palabras salen y el receptor parece estar lejos, asumiendo posiciones que no espero, evadiendo mi decir con más palabras, las que, en otro tono, gritan su negativa al omitir mis dichos, quedando éstos en el aire y perdiéndose con el viento.


La atención es selectiva, así como lo fueron mis palabras al salir, aunque quizás el arte de decir deba siempre una reverencia al arte del escuchar, porque eso no es un descuido, es un quehacer cuidado, a diferencia de la lectura, que más allá de ser selectiva es simple y llanamente burda. Los oídos sordos escuchan lo que quieren, los ojos nunca serán ciegos, sólo descuidados, tienen una menor capacidad de transfigurar aquella información que integran.


Mis palabras se pierden en este cementerio, quizás por no haber sido escuchadas ni leidas como deseaba. Sí, las vengo a enterrar acá, porque ahora este es mi cementerio privado, nada de disidentes ni católicos, sólo mío, sólo para mis ideas muertas o, como ahora, para las palabras que tan magistralmente fueron esquivadas.

martes, 14 de septiembre de 2010