jueves, 23 de septiembre de 2010

Cementerio

Escribo cosas que pocos leen, sobre todo cuando intento comunicar algo más allá del hastío cotidiano que todos vivimos. Palabras salen y el receptor parece estar lejos, asumiendo posiciones que no espero, evadiendo mi decir con más palabras, las que, en otro tono, gritan su negativa al omitir mis dichos, quedando éstos en el aire y perdiéndose con el viento.


La atención es selectiva, así como lo fueron mis palabras al salir, aunque quizás el arte de decir deba siempre una reverencia al arte del escuchar, porque eso no es un descuido, es un quehacer cuidado, a diferencia de la lectura, que más allá de ser selectiva es simple y llanamente burda. Los oídos sordos escuchan lo que quieren, los ojos nunca serán ciegos, sólo descuidados, tienen una menor capacidad de transfigurar aquella información que integran.


Mis palabras se pierden en este cementerio, quizás por no haber sido escuchadas ni leidas como deseaba. Sí, las vengo a enterrar acá, porque ahora este es mi cementerio privado, nada de disidentes ni católicos, sólo mío, sólo para mis ideas muertas o, como ahora, para las palabras que tan magistralmente fueron esquivadas.

1 comentario:

María de los angeles dijo...

somos como la sociedad de los blogeros muertos. me pasa lo mismo. holi seba :)