sábado, 27 de noviembre de 2010

Nocturno

Los momentos de lucidez son pocos, las horas restringidas. Me consume el devenir diurno a pesar de que no me encuentro en él, lo veo, ajeno, lejano... a veces con pánico, otras con ansias....



Duele, pero se necesita, aunque no puedo negar la claridad de esos momentos, "esos" como este. LUZ, con mayúsculas, no la de fotones, la de mente, cuando las ideas se arremolinan, pero de alguna forma son coherentes. LUZ, por pensar y ser al unísono... sincronía, breve, pero sincronía, esa que las letras permiten plasmar, porque la vivencia es pasajera, muy breve para mi gusto, pocas veces alcanzada, incluso en condiciones similares a esta.



La gente diurna es extraña, inmóvil, a pesar de su gran desplazamiento. Quieta, cómoda, monótona... Eterna, quizás, la eternidad que aparece al augurio del alba, ese momento que anuncia el devenir del moverse sin pensar, de la rutina, de "esa" que ahora miro con recelo y distancia. Esa a la que abrazaría, pero que significaría perderme... ¡¡cómo anhelo perderme!!...



...¿Y si mi destino es otro?, ¿y si es uno de bohemia, pobreza y melancolía?. La melancolía ya es mía, la soledad me encuentra... la pobreza esta aquí... ¿qué falta entonces?.  Quizás faltan las ideas... mejor aún, quizás faltan las ganas de hablarlas. Somos pocos los que apreciamos lo mucho que entrega, pero la miseria que deja, la palabra. Por eso le pido a la noche... y la noche entrega, pero entrega palabras que no expresan el todo, regala ideas, momentos, lugares y personas que busco asir y que no consigo conservar. Se van... me alejo...



...Adiós.