sábado, 30 de julio de 2011

Amy

Me pregunto cuanto desprecio, cuanto horror, decepción, desencanto, sentía Amy por su vida y por sí misma. Me siento como una mala imitación, un pobre ente perdido sin la capacidad de autodestrucción que todos los que nos hemos odiado hemos sentido por nosotros mismos... Es triste no tener las bolas, no poder abrazar ese desprecio y entregarse al horror, a la adicción, al enfisema, al abismo y a la admiración del otro que desea lo mismo, esa pérdida total de sí mismo, esa entrega incondicional a la muerte, a esa nada que a todos nos espera, pero que tan pocos se atreven a amar.

No me amo, no me quiero aquí, no quiero enfrentar... He muerto cien veces, pero sólo en palabras, como ahora, una pérdida más, pérdida de tiempo, letras y espacio.

Nada sirve en la medida que ocupe un lugar, Amy lo entendió y pudo actuar en consecuencia... Yo lo sé, pero la cobardía fomenta la inconsecuencia.

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