sábado, 27 de agosto de 2011

El Exhibicionismo de las Letras

Antes el blog era el espacio que armábamos para mostrarnos, para darle rienda suelta a nuestro exhibicionismo, es más, exigíamos atención, queríamos ojos que recorrieran nuestras letras como las manos que recorren el cuerpo desnudo del amante... y así nos pasó a muchos "escritores" aficionados al blog, fuimos amados, odiados, penetrados por la mirada, esa que pedía más y que se regocijaba en nuestra literatura de escritor frustrado. Confundían nuestras fantasías con nuestras vidas, fantaseaban con nuestras letras y nuestras historias, se sentía, era palpable ese deseo que nos llamaba a escribir... y las letras caían de nuestros dedos como semen, como el mejor regalo que un amante puede dar, sus líquidos, sus entrañas, su profundidad y humedad. Pero el amorío no duró tanto como pensábamos, algunos nos agotamos, nos vimos acosados, asustados, violados por el deseo del lector, por la mirada que buscaba más, que ansiaba más, ese deseo que nos violó y terminó por quitarnos lo poco que nos quedaba.

De a poco fuimos viendo como se acababan las ideas, esa viscosidad se perdía y no podíamos evitarlo. Desesperados buscamos formas de reencantar, de volver a ser atractivos, vistosos, elegantes, intrigantes, pero no mucho tiempo pasó para darnos cuenta de que el atractivo se había perdido, que las letras habían perdido su densidad... las manos se alejaban de este amante desnudo, la mirada se perdía... nos vimos solos, cansados y con la certeza de que habíamos perdido nuestro atractivo.

Algunos de nosotros quedamos rondando por este lugar, de vez en cuando nos buscamos, miradas tímidas que reposan sobre palabras ajenas, pero nunca será igual, hemos caído, hemos descuidado la palabra, las historias, nuestros lugares se han estropeado.

Así muchos quedamos en un rincón, solos, intentado encajar nuevamente, buscando aquellos lugares donde vomitar las pocas ideas que van quedando y que vale la pena convertir en materia. Ahora nos percatamos de haber sido víctimas de la privacidad, de la falta de ésta, del exceso de confianza en nosotros y en nuestras ideas. Nos desmoronamos por no haber medido las consecuencias de exponernos, de mostrar lo que pensamos a través del signo, fuimos víctimas de nuestro ego.

Han aprendido... hemos aprendido, ahora la principal preocupación de la comunicación es exactamente esa, encontrar primero algún interlocutor válido, elegido (seguido) por nosotros mismos para mostrarle nuestros símbolos. Es un exhibicionismo recatado, selectivo, hasta cierto punto elegante, no como el del blog, cuyo exhibicionismo brutal, excesivo y vulgar nos pasó la cuenta, ese donde primero nos mostrábamos, nos lucíamos frente a cualquiera que quisiera asomarse por el marco de nuestra puerta virtual y lanzar una pequeña y muy coqueta mirada. Así fue como tuvimos infinitos amantes, desconocidos, oscuros y encapuchados.

Ahora me resulta curiosa, pero no ilegítima, la necesidad de privacidad que dicen tener aquellos quienes exponen sus vidas en las redes sociales. No entiendo el punto de querer exponer tu vida sin asumir el riesgo que aquello significa, el mismo hecho de querer ser parte de un espacio en extremo público como lo es internet y al mismo tiempo exigir privacidad, pareciera una contradicción, pero eso sucede porque quizás no he aprendido lo suficiente, sigo queriendo exhibirme sin medir las consecuencias, quiero mostrarlo todo y a todos, quiero volver a escribir como lo hacía y ahogarme nuevamente en la idolatría, en mi ego, en el profundo exhibicionismo y narcisismo de las letras.

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