lunes, 26 de septiembre de 2011

Ironía

Existe la tendencia generalizada en las personas de expresar que esperan lo peor, situación común no sólo en los albores del esperado 2012 y el supuesto destino apocalíptico que los Mayas anunciaron, sino que también en situaciones cotidianas, desde el estudiante que dice "saber" anticipadamente sobre su mal desempeño en algún examen, hasta aquellos diagnosticados con un mal que, según piensan, les depara una muerte lenta y segura. Pero parece que esta "tendencia" es más cabalística que un ataque de sinceridad o desesperanza -aunque no por eso es menos certero en algunos casos- ya que pareciera existir una tendencia a expresar el mal augurio al tiempo que se espera una sonrisa del destino, cuestión que, de suceder, trae consigo los más amables halagos de quienes rodean al sujeto en cuestión y, claro está, las tímidas sonrisas de satisfacción y complacencia del protagonista. Pero la vida no siempre resuelve las cosas de forma amable, así como tampoco  tiende a confirmar los malos presagios de la forma en la que esperamos, ya que quizás para el destino eso también sería darnos una forma de satisfacción, regalándonos la posibilidad de aullar un "te lo dije" o un "ya lo sabía" ante las malas noticias, lo que podría presentarse como una especie de triunfo sobre los recovecos del quehacer cotidiano del infortunio.

La vida, insisto, tiene una forma curiosa de presentar sus antojos y llevar a cabo sus caprichos: la ironía. Debo confesar que soy de los que aprecian la belleza de las veleidades del destino, a pesar de que ser yo el afectado. Desde luego que la delicadeza de la fatalidad que acaece sobre nuestro prójimo es siempre vista con mayor entusiasmo, aprecio e incluso amor, porque es innegable que una buena broma del destino es arte. Me permito citar un acontecimiento reciente, el de la aparente explosión de gas en una casa en la hermana república Argentina -supuesto caso de caída de un meteorito-, vivienda que había sido terminada de construir hace tan sólo una semana, donde la única fallecida fue la madre del propietario, mujer que visitaba el lugar por primera vez. La crueldad del hecho me parece exquisita, de una maldad que sólo el azar -para no volver a decir "destino"- es capaz de realizar, tanto así que es difícil explicar con mayor claridad cualquier asunto relacionado con acontecimientos de esta calaña y ante lo cual sólo queda sonreír y esperar tu turno, porque como he dicho más de una vez,  la vida tiene las más diversas y creativas formas de patearte las bolas.
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Para que vean que la ironía es parte de la naturaleza, a veces somos la comida de nuestra comida:


Una musical forma de sonreír cuando te cae mierda en la cabeza:

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